La justicia, el circo, Manos Limpias
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
El 17 de mayo, domingo, termina la secuencia de elecciones autonómicas con la cita de Andalucía, y se inicia el itinerario judicial, con muchas paradas e hitos en el camino. Caso “mascarillas”, con Ábalos, Koldo García; caso “Kitchen”, con Jorge Fernández Díez y María Dolores Cospedal; caso “David Sánchez”, hermano del presidente de gobierno; caso “Begoña Gómez”, esposa del presidente de gobierno, entre otras piezas de menos rango que afectan a gobierno y oposición. El primer caso tiene su origen en UCO, servicio Guardia Civil, seguido de Fiscalía; el asunto Kitchen, iniciado por Fiscalía Anticorrupción; los dos últimos que atañen de manera directa al decoro moral del presidente de Gobierno por tratarse de familiares en grado directo acusados de prevalencia por pertenencia al círculo íntimo del jefe del ejecutivo, nacen en el mismo manantial, el denominado sindicato Manos Limpias, que actúa como látigo denunciante contra todo aquello que luzca apego a la izquierda en cualquiera de sus versiones y fuerzas o movimientos nacionalistas que en su prontuario abarque algo que tenga que ver con desapego a la unidad de España.
La acusación contra Manos Limpias habla de una organización con activismo político y aplicación incontrolada contra todo el imaginario del socialismo en funciones de gobierno o mando de cualquiera esfera ejecutiva o ejercicio de gobernanza, presentado siempre y en todo lugar como oportunidad para el aprovechamiento y la corrupción en los actos y los negocios, amén de la práctica de un modo de ejercer la acción legal oportunista por cuanto del dinamismo o de la desidia en el manejo procesal de un caso siempre deviene, al parecer, o se desprende la facturación de Manos Limpias al beneficiado de su acción u omisión. Lo que, en otros términos más coloquiales, podría calificarse como amenaza, presión o chantaje, utilizado lejos de los espacios jurídicos o de tribunales, más concretamente en tugurios y habitáculos de bajo fondo, sideralmente distanciados del derecho y de la voluntad de implantación del mismo. La previsión de sentencias, por aparición en escena, deberían ser primero la de “mascarillas”, seguida de “kitchen”, con futuro aún nebuloso en el caso de los familiares del presidente de gobierno.
Es decir, despejado el calendario de elecciones, que resultan un medidor de cuantificación real de los gustos y apetencias del elector, queda un año de medición del ánimo del votante en dos frentes de superficial entrega a la realidad, nada que ver con el escrutinio, que cuenta y establece las parcelas de reparto de poder y de oposición. Así pues, las encuestas, con su carga adicional de enfoque y de cocina para que un resultado del trabajo demoscópico obtenga un resultado u otro, con la salvedad del margen de error que toda ciencia acumula; y la carga mediática y publicitaria de la atmósfera de los juicios, sentencias, recursos, de todos los casos donde se ventilan presuntos abusos y corrupciones, son los soportes donde carga el grueso del interés político nacional a falta de comicios donde cuaje la realidad medible. El nivel de ruido público al que es sometido cada uno de los procedimientos judiciales genera una tensión extraordinaria en aquellas personas investigadas y procesadas, quienes requieren de una especial defensa psicológica personal que se deriva de la presunta culpabilidad en el manejo de una situación generadora de daño que se predica como merecido al menos por los indicios acumulados.
La intervención de Fiscalía como institución que mantiene la defensa del interés público en los casos de mención parece marcada por su engranaje en la arquitectura del Estado democrático. Incluso la policía judicial, donde ejerce la UCO, cuya actuación siempre viene dictada y controlada por la judicatura y la fiscalía, también encuentra su encaje en la persecución de ilícitos que lesionan los intereses de la comunidad. Pero el protagonismo de Manos Limpias, desde hace varios años, asume un papel estelar en la generación de sospechas y malestar, generalmente contra el sector socialista y superficie de simpatía política, que no tiene por menos que crear un movimiento de protesta en las capas sociológicas perjudicadas. La presencia de Manos Limpias, cuyas prácticas de intimidación en la práctica jurídica han sido sancionadas como censurables si bien no llegaron a constituir delitos de estafa o extorsión, incursiona de manera inexplicable en el universo del derecho y de la justicia. La plasmación constitucional de la justicia en España la establece como un poder judicial independiente, integrado por jueces y magistrados, y se erige como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico español.
En toda esta declaración de palabra mayor que sustenta los pequeños derechos de los justiciables, tiene cabida irregular la asociación Manos Limpias, que no tiene equivalencia en otros ordenamientos jurídicos del exterior. Existen en estos ordenamientos figuras que solo en apariencia pudieran tener parecido, pues se trata de organizaciones no gubernamentales que se rigen por la defensa de causas nobles, apoyo a personas sin posibles, causas relacionadas con el medio ambiente, pero jamás con la naturaleza activista en el juego político con el que se desarrolla Manos Limpias en España. Presente en casos como “Noos” y la infanta Cristina, el de Baltasar Garzón, su secretario general no duda en proclamar su nostalgia por el régimen de Franco.
La realidad inclusiva de esta organización en el desarrollo de los juicios de más popularidad contra un segmento y una sensibilidad contraria a la predicada por Manos Limpias, presentado como organización revestida de acción popular, aparece como una anomalía en el desarrollo de la justicia. La ayuda mutua entre este aparato que se vale de una representación artificial de la acción popular y los espacios de radio y televisión que, con el amparo de la libertad de expresión, ejercen de prolongación de esta misma acción popular “mediática”, con salutación al fenómeno “vitoquilismo”, da como resultado un estado de ánimo de aparente convulsión social, con estallidos y alarmas que apenas tienen relación con la realidad, con grave perturbación del normal desarrollo judicial de los procedimientos.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.