La mayoría indiferente
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
“Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.”
Martin Luther King
El término “indiferente” proviene del latín “indifferentia”. Designa el estado de ánimo en que una persona no siente inclinación ni rechazo hacia otro sujeto, un objeto o un asunto determinado. También podría ser un sentimiento o actitud hacia alguien o algo que se caracteriza por resultarle ni positivo ni negativo. La conducta general que expresa este sentir es el de la pasividad.
Cabría preguntarnos si la mayoría social de este país esta colonizada por este sentimiento. Primo hermano de la resignación. Suele ser un modo de protegerse de la decepción. De la habitual frustración que sienten los más débiles frente a los abusos de las históricas minorías dominantes.
Los dos modelos enfrentados en el momento histórico que transitamos, lo describen. La ultraderecha, heredera explícita del régimen franquista, se siente protegida por aquellos poderes fácticos que sostuvieron al dictador. Gran parte de la magistratura, la monarquía que dio continuidad al sistema, buena parte de las fuerzas armadas y, como sólida base presuntamente espiritual, la cúpula del episcopado español. Este último explícitamente enfrentado al Papa argentino.
La indiferencia es una respuesta a la indefensión. Ese distanciamiento emocional que se está advirtiendo en los colectivos de la sociedad civil ante los mensajes positivos que llegan desde el gobierno, es consecuencia de apreciar una relativa mejora en sus condiciones de vida. Los iniciales aires de cambio del gobierno, no impulsan las velas de las economías domésticas. La resistencia del statu quo franquista cuenta con lograr frenar mayores avances que ya obtenidos. Desde el seno neoliberal del gobierno se consolidan los eufemismos inmovilistas. Siguen casi sin modificar la Ley Mordaza, la Reforma Laboral de M. Rajoy y la legislación que permite que la banca siga siendo intocable. Como también lo es el Consejo General del Poder Judicial. Sin mencionar los magistrados que se han incorporado al Tribunal Constitucional. Una bofetada a la coherencia democrática de este país.
Las “cosas son como son y no serán cambiadas”. Este es el mensaje machacón que reciben los ciudadanos en el frío de sus hogares. El oligopolio energético, con unos beneficios inmorales, sigue controlando los recursos nacionales. Mientras, la fiscalidad de las rentas del capital no se toca. Que el esfuerzo siga siendo de las rentas del trabajo. Zarzuela manda. La pobreza sigue su curso produciendo más indiferencia.
Pero no debe creerse que en las entrañas de la gente no hay rabia y desconsuelo. Los hay y pueden dar su merecido. Tiempo al tiempo.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.