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La dignidad individual y la confusión entre medios y fines


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Resulta necesario establecer los significados entre ambos términos. Esto es, para comprender comportamientos y su sentido, en lo que a los ciudadanos nos atañe. Se han venido formulando, por parte de prácticamente todos los actores políticos, propuestas o intenciones de acción, que procuran objetivos que nada parecen tener con los intereses de los españoles. La primera impresión que surge de los actos políticos nacionales, es que están circunscriptos al ámbito interno de dichos partidos. Lo están, porque la verdadera lucha que se está desarrollando, como consecuencia de los resultados obtenidos, todos han sumado votos por debajo de sus expectativas, es que el poder se reparte entre más jugadores. Todos reciben menos.

Esto, sin demasiadas dudas, ha abierto escenarios de confrontación interna que se tratan de disimular con la proyección de sus culpas hacia el territorio de sus rivales. Por tanto, tal cosa supone la creación de un clima enrarecido que dificulta los entendimientos entre corrientes de aparente coherencia ideológica. Favoreciendo el delirio de un encuentro “divergente”: el fin es mantenerse en las cabeceras de los medios. No crean otra cosa.

Por tanto, unos como otros, parecen confundir los medios con los fines. Aún si aceptásemos que los usos que la democracia ha ido adquiriendo se han pervertido, los ciudadanos conservan la creencia de que el sistema puede seguir siendo útil. De que puede ser un medio idóneo para satisfacer los fines que preserven los valores democráticos de nuestra sociedad. Otros, sin embargo, se resisten y la ven, a la democracia, como un fin en sí misma, para garantizarles el control del poder y la satisfacción de unos intereses minoritarios, que nada tienen que ver con el bien común.

Cuando se habla de “fines”, nos referimos a “necesidades”. Cuando hablamos de “medios”, hablamos de los “recursos” necesarios y aptos para atender a las primeras. En esto consiste la gestión de gobierno. Por ello, confundir estos conceptos nos lleva a la perversión misma de la democracia: creer que los votantes sólo son un pretexto para mantenerse en el poder. Por ello, las decisiones que han afectado a la propia esencia de las libertades y de la equidad en el esfuerzo de recuperarnos de los desastres financieros, propios y externos, muestran a las claras que no interesa que la democracia sea la que verdaderamente se recupere. Porque si se reinstala, la Justicia lo hará con ella y, entonces, los desastres de la amoralidad se verán debidamente penalizados y la impunidad se restringirá.

La actuación de los gobiernos autonómicos, con muchos de sus integrantes bajo la lupa por su gestión de los recursos públicos, no sólo debe someterse a la fiscalización del gobierno de España, sino que, en algún momento, también deberán revisarse por la justicia muchas de sus medidas más responsables de producir víctimas reales por su puesta en vigor.

Ello, porque esas conductas que puedan ser estimadas por la autoridad legal como motivo de insurrección en contra del orden constitucional establecido. El asunto es tan serio, que deberían dejarse de lado las luchas por el poder partidario. Habrá que asumir la política como medio de respetar el compromiso con los ciudadanos. Si la democracia, con su actual parlamento o con el que surja de unas próximas elecciones, no asume este cometido, entonces confirmaremos que se han instalado prácticas que lo convierten en un sistema inservible. Que ya no es un medio apto para resolver las necesidades de los habitantes de España. Que simplemente ha quedado reducida a un fin para mantener el statu quo con vistas a un congreso partidario o a una mera coalición útil a sectores minoritarios. Que la invasión de Ucrania no lo distraiga.

En ese caso, las puertas a los extremismos más radicales se han abierto de par en par, como ya se vislumbra por toda Europa. Entonces sí que habremos resultado derrotados. Por paradójico que le parezca, en estos tiempos, su actitud particular cuenta. Porque de dignidad individual se trata. Que no lo engañen.

Créalo, la democracia es usted, actúe.

Economista y analista político, experto en comunicación institucional.


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