La fábula del escorpión y la rana como disfunción política
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
El concepto de disfuncionalidad puede resultar esclarecedor, si de política nacional hablamos. Así, por tal, entenderíamos algo que no funciona como corresponde, que no cumple adecuadamente su fin, por alguna alteración física, química o conductual.
Son muchas las organizaciones que pueden padecer disfunciones. Al menos, todas aquellas que cumplen una función, un servicio o rol, concebido para lograr un objetivo. Así, esto sucede en un organismo vivo, y la sociedad civil lo es, en el cumplimiento de cualquiera de las funciones dentro del ámbito democrático. La práctica de las puertas giratorias o la más cruel de todas, la corrupción, son disfunciones que hemos venido soportando.
Si la política se ejerce con una visión alejada de los intereses generales, entonces se convierte en disfuncional. De la misma manera que una ley, cuyo concepto es que sea una pauta social. Esto es, una norma que responda a resolver las disfunciones que se deriven de la propia evolución de esas personas en comunidad. Resultaría inconcebible creer que las normas, es decir las leyes, no atiendan a esas necesidades sino a extrañas ventajas de grupos de interés.
Es decir, cada conjunto de normas sociales debe ser específico y particular a cada colectivo. Por tanto, deben de organizarse de tal manera que respondan a las necesidades e intereses de esa comunidad. Proceder de modo inverso, es decir, entender a las normas para resolver los intereses de grupos particulares en desmedro de los intereses generales, es definidamente disfuncional a los principios democráticos.
La propia Unión Europea se encuentra en esta disyuntiva. Los acuerdos opacos, que están resultando cada vez más frecuentes, atienden a los intereses de los lobistas. Ello, antes que al de muchas de las diversas sociedades civiles que configuran a esta área económica. Porque ya es hora de que se entienda que el proyecto europeo ha fracasado. El caso de Ucrania es claro. Fracasa en las orillas de Lesbos, en la valla de Melilla, en las oficinas de esa antidemocrática superestructura denominado Unión Europea. El concepto de esta Europa no responde a los intereses de los ciudadanos. Se ha tornado disfuncional. Su funcionamiento está comprobándose cada vez más contrario a los objetivos particulares de sus estados miembro.
La política española es fiel reflejo de esa distorsión. El caso del Sahara es ilustrativo. Tenemos a un jefe de gobierno que ha sido obediente a otros intereses, no al de los de los ciudadanos que debió representar. Se debió sostener la misma presión en las negociaciones, para que España no hubiese sido tan vasalla a los intereses externos como lo ha sido.
El gran fraude fiscal. La modificación de las normas, como el caso de las leyes que ofrecen escapatorias para muchos imputados por corrupción. La desoladora reforma laboral que, para colmo, ha servido para poco. Estamos donde estábamos y, lo que es terrible, han puesto a España al borde del colapso. Esta gente se atribuye éxitos falaces, sin asumir ninguna responsabilidad por los desastres que los vinculan a fenómenos tales, como la pobreza creciente.
Bajo el título de norma, todas las leyes, repito, entendemos que se establece para ser cumplida por los sujetos, en general ciudadanos, de un lugar y un espacio determinado. Son portadoras de valores, en nuestro caso, hasta ahora al menos, nítidamente humanistas, que sirven para organizar comportamientos, actitudes y diferentes formas de actuación, de manera de no entorpecer el bien común.
Contravenir este requisito, es subversión del sistema. Esos comportamientos subvierten. Esto nos recuerda a la fábula del escorpión y la rana. Siendo que el primero, escorpión, le pidió a la segunda que le permitiese cruzar el río, la legislatura. La rana le dijo, no porque me clavarás tu aguijón. El escorpión le aseguró que no lo haría. Entonces, a la mitad del río o legislatura, el escorpión le clavó el aguijón a la rana. Mientras se ahogaban, la rana preguntó el por qué lo había hecho. Entonces el escorpión respondió, porque no lo pude evitar.
Este PSOE de Surennes nació como el escorpión. Eso lo vienen pagando sus militantes y el resto del progresismo español
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.