El debate y la soledad de Feijóo
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
El Debate del Estado de la Nación recuperaba antiguas ediciones y estrenaba su versión en la década de los veinte del siglo XXI con la incorporación del emergente líder gallego Alberto Núñez Feijóo en la incómoda posición de invitado obligado, en esa no menos atormentada tesitura de quien tiene que estar en un compromiso sin haber aún atesorado méritos parlamentarios emanados de elección popular.
Es decir, Feijóo no ha sido todavía titular de acta de diputado y lo es de senador merced a los designios azarosos del reglamento de la Cámara Alta, que da para convertir en calidad senatorial a Feijóo o a Javier Maroto, sobre quien la maquinaria del Estado representativo ha perdido toda esperanza de resolución de su renacida existencia.
Maroto siempre reaparece como aquellos espadas realmente meritorios en lidia y desempeño profesional. Pues bien, el dirigente gallego estrenado en la calle Génova también lo ha hecho en la carrera de San Jerónimo con la seguridad íntima de quien se sabe desubicado.
Los reajustes de escaños lo habían clasificado en la posición de salida de una fila del Partido Popular, la de los próceres, pero justo al lado del pasillo alfombrado para ascensos/descensos, en una situación escénica envidiable, salvo el no despreciable detalle de verse en la reiterada maniobra de levantarse y volver a hacerlo cada vez que el orden del día de la sesión demandaba la intervención de Cuca Gamarra, portavoz y secretaria general del PP.
En las imágenes de José María Aznar, en los años noventa, tenía a si izquierda a Álvarez Cascos, sin que notase su cercanía para salir y entrar; ya presidente, tenía a su derecha a Mayor Oreja y casi siempre a Rodrigo Rato, quienes de ninguna manera soliviantaban sus movimientos de apertura a la tribuna.
Mariano Rajoy nunca sufrió la molesta cercanía de Soraya Sáenz de Santamaría, dueña por otra parte de una modesta carrocería anatómica. Rubalcaba gozaba de amplios movimientos pese a ser vecino de escaño de Soraya Rodríguez, quien tras la desaparición de su referencial Alfredo tomó otros aires equívocos por la atmósfera de Ciudadanos.
Incluso Rosa Díez, ya en tiempos de UPyD, tenía la cercanía de Carlos Martínez Gorriarán, sobre quien se dice que tomó nueva naturaleza de visión y moda la palabra “ceño”, siempre fruncido o arrugado en el caso del lugarteniente de la dirigente de Sodupe.
Pero Gorriarán nunca tuvo un gesto de entorpecimiento de los avatares de su jefa, si bien intervino sin darse cuenta en lo del ceño, también importado por Díez.
En otras palabras, en pocas ocasiones se ha visto un caso tan preclaro e indiscutible de falta de aprecio por la exacta medida de ocupación física de un espacio como el de Feijóo con motivo del debate del estado de la nación.
Para entrar en faena en el Congreso sin función alguna, tuvo que entretenerse en saludar a los miembros del banco azul, con tan mala suerte que le tocaron en suerte los miembros de Unidas Podemos, en medio de la atenta y escrutadora mirada de Abascal y Ortega Smith, quienes en caso de negociación de investidura cuando falta haga son muy capaces de echárselo en cara.
Si era anunciada Cuca Gamarra para su intervención por la presidenta Batet, el gallego salía con alguna cosa entre las manos, notas, blocs, apuntes.
Cuando terminaba Gamarra su alegato, de nuevo en posición embarazosa el ex presidente de la Xunta, arriba y abajo con sus quehaceres que todo el mundo sabe que no son de becario, pero porque le conocen y por eso lo desmienten.
Al término de las primeras disputas parlamentarias se produjo un receso y a veces se rezagaba tras la decisión y los pasos de la portavoz, con la provocación de disgustos de protocolo verdaderamente de gran engorro.
Es decir, se puede aventurar que el próximo debate del Estado de la Nación, en 2023, de no mediar antes convocatoria de elecciones, se celebrará con la excepcional ausencia de Alberto Núñez Feijóo.
Michel Houellebecq, en su reciente “Aniquilacion”, en Anagrama, define la salida del coma como “una vigilia sin respuesta, el paciente había recuperado su capacidad de percibir el mundo, pero no la de interactuar con él”.
No estaba Feijóo en el mundo. No podía interactuar en el mundo del debate.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.