La Gran Guerra con su intensidad y su prolongación en el tiempo, fue un factor clave que terminó por desarticular un sistema político que ya llevaba mucho tiempo paralizado y donde no habían calado los intentos de reformarlo. La Primera Guerra Mundial impactó de forma brutal en la población rusa. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta que aproximadamente un 10% de la población fue reclutada, es decir, millones y millones de hombres en edad activa. Pero, sobre todo, se calcula que unos dos millones de soldados murieron, con otros dos millones hechos prisioneros, además de generarse cuatro millones y medio de mutilados y heridos. La sangría de la contienda fue especialmente dura con los rusos. Y esas muertes tuvieron mucho que ver no sólo con la extrema violencia que se desencadenó en esa contienda, sino también con el hecho de la falta equipamiento adecuado, de las evidentes carencias en la alimentación y combatiendo en circunstancias mucho más lamentables que las que se dieron en las trincheras del frente occidental. Los jóvenes rusos fueron como la “carne de cañón” que salvó a Rusia de ser arrollada por la maquinaria bélica de los Imperios Centrales, infinitamente más poderosa y eficaz, pero, precisamente, por el único hecho de ser millones. A Rusia le salvó su inmensa geografía, pero, sobre todo, su demografía, y el sacrificio de millones de soldados.