Capitán Richard F. Burton. Los Jats. II
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Richard F. Burton, como escribíamos, partió rumbo a los ríos Phuleli y Guni. Rumbo al norte con sus camellos, fue cruzando aldea tras aldea, habitadas todas por un pueblo llamado Jat. Con su habitual y, a veces, pedantesca pasión por la exactitud, Burton iba a precisar, que no eran simplemente “Jats”, ya que “bajo el nombre de Jat, conviven no menos de cuatro razas distintas”. He hizo un importante hallazgo: “Parece probable, a partir de su apariencia y de otras peculiaridades de esta raza, que los Jats estén conectados consanguíneamente, con otra raza muy particular, los gitanos”.
La “curiosa expresión” que vio en los ojos de los jats, no era otra que el llamado “ojo de gitano”, que tanto intrigo a Burton, siempre que escribió sobre los gitanos, ya que de él también se decía, que tenía esos mismos ojos. Al conocer más adelante a otros gitanos en Siria, Burton vuelve a sentirse atraído por los ojos. Por ejemplo, afirma que los gitanos españoles: “mantienen ese ojo tan característico: es de forma perfecta y, tiene un aspecto muy especial, al cual se atribuye el poder de engendrar grandes pasiones, uno de los privilegios de la mirada. A menudo he hecho comentarios, sobre la fijeza y la brillantez de esa mirada, que resplandece como la luz fosfórica, el brillo de la cual, en algunos ojos, denota en cambio la locura. También he percibido esa ‘distante’ mirada, que parece fija en algo, que hubiera más allá y, en la alternancia entre la mirada fija y, esa especie de película transparente, que parece cubrir la pupila”. Tras la muerte de Burton, el “Gyps Lore Journal”, correspondiente a enero de 1891, en su obituario, comentó: “Sus amigos, a menudo, han mencionado sus peculiares ojos. ‘Cuando te mira’, dijo una persona que llegó a conocerlo muy bien, ‘es como si te traspasara y como si, más allá, viese algo que hubiera a tus espaldas. Richard Burton es el único hombre que, sin ser gitano, tiene dicha peculiaridad”.
Aunque podría aducir el rechazo que, universalmente, suscitan los jats (“Por todas las regiones del este de Asia central, el apelativo de jat, es sinónimo de ladrón y de sabandija… y se halla al pie de la escala, en lo más ínfimo de la creación”) Burton no se mostró crítico con ellos, cuando en cambio sí lo fue, por ejemplo, con la mayoría de los orientales. De hecho, llegó a sintonizar hasta cierto punto, con su situación de inferioridad: pese a haber sido otrora, una clase dominante, “hoy, ni uno solo de sus descendientes, posee nada que pueda parecerse a la riqueza, o a un cierto rango social”. Un oficial amigo (Scott), tenía un jat a su servicio y, “las peculiaridades del tosco anciano, nos proporcionan abundantes diversiones”. Sin embargo, el contacto de Burton con los jats, no se redujo al mantenido con aquel anciano peculiar. En apariencia, Burton de desligó de Scott y del equipo de la Exploración, para hacerse pasar por jat durante una temporada, uniéndose a los grupos de los jats, que trabajaban en el dragado de los canales, ordenado por el general Napier. Eran gentes muy pobres: “en invierno son capaces de hacer lo que sea, con tal de salvarse y no morir de hambre.
A lo largo de su trayecto hacia el norte, Burton encontró tiempo para dedicarse a la cetrería y, de esta afición, extrajo una de sus obras menores, titulada “Falconry in the Valley of Indus”. Más importante que el asunto de que trata, es el epílogo del libro, en el que ofrece uno de los pocos retratos de su forma de vida y, de su trabajo con los nativos. La primera dificultad, dice, “era el pasarse por oriental, lo cual era tan necesario como difícil”. Escribe: “Tras probar diversas caracterizaciones, descubrí que la más sencilla de asumir, iba a ser la de un mestizo, mitad árabe y mitad iraní, como los que pueden encontrarse a millares en las costas del golfo Pérsico. Los sindis habrían detectado, en un abrir y cerrar los ojos, la diferencia existente entre mi manera de pronunciar y la suya, caso de haberme propuesto hablar su dialecto vernáculo, de modo que conseguí que atribuyeran mi acento, a mi curiosa procedencia, tal como un inglés de toda la vida, dará cuenta de la defectuosa pronunciación de un extranjero, diciendo que es a medias español y a medias portugués. Además, los países del golfo me los conocía de memoria, gracias a los libros, conocía bastante bien el culto de tipo shií, que prevalecía en Persia. Y mi pobre mirza Muhammad Hosayn, por lo general siempre estuvo a mano, para apoyarme en los momentos de dificultad”.
Pues eso.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.