El Nilo Azul. El poder de Teodoros. VII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Teodoros era un personaje peligroso y que, en un abrir y cerrar de ojos, podía dar a la situación un giro imprevisible.
Hacia finales de febrero llega a Konata el misionero Flad, procedente de Debrá Tabor, confirmando de inmediato sus sospechas. Advierte a Rassam que sea muy cauto y, que, por el momento, no de nada por sentado. A primeros de marza los artesanos se presentan en el campamento británico, seguidos en breve por sus esposas, etíopes todas ellas, a excepción de una francesa. Al parecer todos ellos, querían salir del país. El 10 de marzo cunde la emoción cuando Cameron, muy débil después de dos años bajo cadenas, llega con la gente de Magdala y, el resto del grupo de Flad, venido desde Debrá Tabor. A la sazón, la colonia europea se halla reunida en Korata. Lo único que falta, es que el emperador pronuncie una palabra, para partir.
Pero esa palabra no llega. Al contrario, se recibe un mensaje de muy distinta índole: Teodoros pide a Rassam, que investigue los delitos de Cameron y sus compañeros y, le haga saber los resultados. Para ayudarle a la investigación, adjunta una larga y caótica lista, absolutamente falsa, de cargos contra los cautivos. Era un primer indicio, del peligro que se les venía encima. Teodoros quería una justificación de lo que había hecho, antes de dejarles partir y, lo único sensato, era dejar que la tuviera. Así que Rassam da pública lectura a los cargos en su tienda, cumple con la fórmula de escuchar los testimonio y, luego prepara una carta solemne para Teodoros, señalando que “todos confesaron haber obrado mal” y, que pedían perdón.
De momento parecía que esta confesión, era todo cuanto exigía Teodoros. Rassam, Blanc y Prideaux son llamados a Zagé para la despedida y, cruzan el lago Tana en balsas, poniéndose el uniforme al desembarcar. Zagé es un promontorio boscoso, que emerge del lago, célebre por su café y sus pitones (por aquel entonces, Teodoros regaló dos a Rassam). Los británicos son acogidos, con manifestaciones de extrema cordialidad. Sin embargo, reina un cierto trasfondo de inquietud. Al día siguiente, mientas esperaban en sus respectivas tiendas, los británicos se enteran de que Teodoros ha convocado a sus caciques, para decidir si se ha de permitir, la salida de los cautivos. Según parece, los caciques estaban a favor de que así fuera. Teodoros, por contra, se mantenía en sus trece, de que era necesaria alguna garantía, de que, una vez cruzada la frontera, no iba a ser calumniado.
En su relato de estos tejemanejes, Rassam descarga la mayor parte de la culpa, de las prevaricaciones de Teodoros, en Charles Tilstone Beke. Puede que algo de eso hubiera. Beke, londinense, se había erigido en algo así como experto en Etiopía y el Nilo. A decir verdad, había viajado por la zona del lago Tana, unos 20 años antes y, escrito artículos muy discretos para la Royal Geographical Society, afirmando, con grandísimo acierto, que la fuente importante del río, estaba en la cabecera del Nilo Azul y no del Nilo Blanco. Como otras muchas personas en Inglaterra, Beke llegó a desconfiar de la habilidad de Rassam, para sacar a los prisioneros – el retraso duraba ya más de un año – y se ofreció, en nombre de los parientes, a partir, extraoficialmente, hacia Etiopía y, ver que podía hacer. Llevaba consigo cartas de las esposas y familias de los cautivos, en las que imploraban a Teodoros, dejara marchar a sus maridos. En su viaje desde Inglaterra, tanto el cónsul británico en El Caito, como Merewether en Adén, advirtieron a Beke, que su intromisión podía mermar muchísimo, las posibilidades de éxito de Rassam y, que sería mucho más prudente, esperar un poco más. Beke, no obstante, persiguió en su empeño. Despacha la súplica de los parientes a Teodoros y, añade que él en persona se dirige a Etiopía, para entrevistarse con el emperador. Tal comunicado llegaba ahora a Zagé y, en opinión de Rassam, levantó al instante las sospechas de Teodoros ¿Con quien había de tratar, con Rassam o con Beke? ¿Quién era ese tipo que entraba en Etiopía sin permiso y, por la ruta del distrito rebelde de Tigré? ¿Era todo ello una sofisticada conspiración británica, para sacar a los prisioneros y, luego invadir el país? (De hecho, Beke nunca llegó hasta Teodoros y, regresó a Inglaterra).
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.