Los godos y el Imperio romano. El “limes”. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
El desarrollo de las relaciones entre los godos y los romanos, está en estrecha relación, con la existencia de una frontera – el “limes” romano – y una periferia situada en los extremos de las provincias. Sin esta periferia, no hubiera existido la polémica territorial, entre los bárbaros y el imperio, de la que se derivó el establecimiento de una serie de estrategias fronterizas.
Ya al final de la República, Julio Cesar, en uno de los pasajes más bellos, de su “Comentario a la guerra de las Galias”, se refería a la petición de ayuda, que recibió en el año 58 a.C. de los galos eduos, para luchar contra sus enemigos los galos avernos y sécuanos que, a su vez, habían llamado como aliados a “gentes” de la Germania, de lo que había derivado el paso del Rin de unos quince mil hombres, al mando de un jefe llamado Ariovisto. Según el mismo relato, los germanos, una vez aficionados al clima, a la civilización y a los abundantes recursos de los galos, habían llamado a otros muchos de los suyos, y acabaron por expulsar de sus tierras a los galos eduos, y ocuparon al tiempo, la tercera parte del fértil país, de sus aliados galos secuanos, sobre los que caía la amenaza – siempre según el discurso de Cesar – de perder el resto de sus tierras. Este supuesto, que fue esgrimido por el general romano, para justificar precisamente, su conquista de la Galia, también lo aprovechó, para acusar al jefe germano Ariovisto, de ejercer un “imperio “tiránico”, movido por sus pretensiones. Ariovisto le replicó a Cesar: que no se metiera en lo que no le importaba, y le recordó haber llegado a esos territorios, mucho antes que los romanos. Por lo que le exigía (a Julio Cesar) que se ocupara exclusivamente, de las regiones que había conquistado (lo que el respetaba), y que dejara de “inquietarle en el ejercicio de su derecho”. Este mismo supuesto, estaba todavía presente, cinco siglos después, en las “Historias” del hispano Orosio, en las que se recogía, lo que se creía haber sido el sueño del jefe godo Ataulfo, cuando deambulaba por las Galias con su pueblo.
Ambos textos, como es evidente, son romanos, y desconocemos lo que en realidad pensaban los germanos de Ariovisto, los godos de Ataulfo y los galos, de las actuaciones romanas. Lo que sí ambos textos tiene en común, es la pugna de un Estado poderoso, el romano, y unas organizaciones militares complejas – los germanos primero, y los godos (visigodos) después – por el dominio del territorio de terceros. Y a la vez, al ser como hemos dicho textos romanos, presentan la visión imperialista, de la imposibilidad de ser otra cosa que romanos, debido a la barbarie de la “gentes” de Ariovisto primero y Ataulfo después. Lo que lleva implícita, la imposibilidad de que los propios galos, estuvieran preparados para vivir autónomamente, lejos de las garantías dadas por la pax romana, y por una conquista militar, más o menos exitosa, frente al peligro que suponía, la presencia de vecinos incómodos, brutales, depredadores, sin leyes, en definitiva “bárbaros”. Pero los textos también son demostrativos, de que el fenómeno de las migraciones, hunde sus raíces en épocas mucho más remotas. Y de que, gracias a los textos romanos, podemos acercarnos a esos tiempos, con relativa facilidad.
El problema, claro, estaba relacionado con el dominio territorial. Ariovisto y Ataulfo, formaban parte de las señaladas por Amiano Marcelino, como “externae gentes”, y del “Barbaricum” que se extendía, más allá de la frontera artificial creada por Roma. La línea fronteriza fue construida y sancionada por Roma, a lo largo de siglos de conquistas, y admitida – o quizá mejor tolerada – de mejor o peor grado, por las provincias, además de impuesta para los pueblos del exterior. Al haberse creado por la fuerza de un imperio militar, la línea física que componía las fronteras, era una realidad insegura y artificial – por lo tanto siempre cuestionable – que obligaba a los romanos, a una continua defensa de la misma, y a su violación constante por los bárbaros, bien de manera pacífica, bien mediante acciones violentas, cuando la situación se hacía insostenible.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.