Baruch Spinoza. En La Haya. VIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Como ya vimos, desde la prohibición del TTP “Tratado Teológico Político”) por el gobierno de Guillermo II de Orange el 19 de julio del 1674, el signo de los tiempos había cambiada para Spinoza, aunque quizá solo de forma oficial. Por el contrario, desde el momento en que se vio forzado, a retirar de la imprenta su manuscrito de la Ética, él mismo reconoce que su situación es todavía peor y, la prevé casi irreversible.
En efecto, su carta a Oldenburg justifica su decisión por múltiples y graves motivos. Según sus palabras, unos se pueden calificar de “oficiales” (“querellarse de mí ante el príncipe y los magistrados”), otros de eclesiásticos (“los teólogos”) otros de filosóficos (“estúpidos cartesianos”), y otros, en fin, de ambientales o generales, ya que las críticas contra él habían llegado al extremo, que todo el mundo detestaba sus escritos.
A la vista de ese ambiente devastador, Spinoza consultó la situación con “hombres dignos de crédito”, el primero de ellos – no cabe dudarlo – su editor de siempre y fiel amigo Jan Rieuwertsz. Y con su asesoramiento y, de todo el “círculo” con él, tomó la decisión, provisional en principio, de “diferir la edición hasta ver en que paraba el asunto”. Pero para él fue, de hecho, la definitiva.
No obstante, cuando después de año y medio él presiente la muerte cerca, dará orden a Spyck de que su escritorio (o pupitre), con el manuscrito de la Ética y otras obras, sea enviado a su editor, Jan Rieuwertsz, de suerte que la obra verá la luz aquel mismo año.
Se tendería a pensar que, desde que Spinoza retiro la Ética de la imprenta, debió sentirse más solo que nunca. Y, de hecho, durante los dos años 1675-1676, se publican nuevos libros contra el TTP: Bredenburg, Brun, Ridderus, Spizelius y Kuyper.
Y entre sus corresponsales aparecen algunos especialmente agresivos, como los dos antiguos amigos, ahora conversos al catolicismo A. Burgh y Niels Stensen. Y a estos dos hay que asociar la segunda carta de Spinoza a Velthuysen, que dio lugar a sus “notas marginales” al TTP.
Pero la verdad es que, ya desde antes de esas fechas, Kortholt aplica a Spinoza lo que Séneca “solía decir de Servilio Vatia, al pasar delante de su casa de campo, en la que estaba siempre escondido como en un sepulcro: “aquí está enterrado Vatia”.
Y Bayle, en su segunda edición le comenta, con ese aire desenfadado y un tanto cínico que le caracteriza, citando el manuscrito que le habría enviado:
“No pensaba más que en el estudio, al que dedicaba la mejor parte de la noche. Su vida era la de un verdaderos solitario”.
Pues eso.
(Continuará)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.