Al final de Star Trek: Generations (1994), mientras contempla los restos de la nave USS Enterprise que capitaneó durante casi una década, Jean-Luc Picard (Patrick Stewart) reflexiona junto a su primer oficial, William Riker (Jonathan Frakes):
… el tiempo es un compañero que nos acompaña en el viaje y nos recuerda que debemos apreciar cada momento, porque nunca volverá. Lo que dejamos atrás no es tan importante como la forma en que hemos vivido.
Sonriendo, le comenta a Riker: «Al fin y al cabo, Número Uno, solo somos mortales».
Su fallecimiento esta semana, a los 86 años, nos recuerda tristemente esa mortalidad con la muerte de sir Patrick Stewart: actor, dramaturgo, intérprete ejemplar de Shakespeare, profesor mutante y distinguido capitán de la Flota Estelar.
De orígenes humildes
Nacido en Mirfield, Inglaterra, en 1940, Stewart creció en la pobreza durante los peores años de la Segunda Guerra Mundial.
Descubrió su vocación por el teatro cuando era niño, gracias a un perspicaz profesor de inglés y a un ejemplar de las obras de Shakespeare.
Dejó los estudios a los 15 años para convertirse en actor profesional en el teatro comunitario.
Su extraordinario talento le permitió ingresar en la Escuela de Teatro Bristol Old Vic, incorporarse a la Royal Shakespeare Company y protagonizar numerosas representaciones teatrales aclamadas por la crítica.
A pesar de los numerosos papeles cinematográficos y televisivos por los que Stewart sería conocido más adelante, sus raíces shakespearianas están indisolublemente ligadas a casi todas sus interpretaciones.
También le proporcionarían a él —y a muchos de nosotros— algo que hizo más llevaderos los confinamientos de la COVID. En 2020, Stewart utilizó las redes sociales para leer cada día un soneto de Shakespeare en internet, y posteriormente convirtió aquellas deliciosas declamaciones en un audiolibro.
Para la mayoría, Stewart será recordado sobre todo como un coloso polifacético del cine y la televisión.
Comenzó su carrera interpretando a un bombero en la serie británica Coronation Street en 1967. Su brillante trayectoria en la pantalla se prolongó durante más de 50 años y abarcó una enorme variedad de papeles.
Por citar solo algunos, fue:
- un extravagante diseñador de interiores
- un estoico maestro de armas de la Casa Atreides en una adaptación cinematográfica de las novelas de Dune
- el irreverente rey de Inglaterra
- un subdirector de la CIA de lenguaje soez
- un enigmático líder de una secta, y
- un megalómano señor supremo alienígena con forma de huevo.
Dos papeles fundamentales
De toda su extensa trayectoria, hay dos papeles que destacan especialmente.
Fue el mutante telepático y académico Charles Xavier, de la saga cinematográfica de X-Men, un personaje al que interpretó durante más de 25 años, incluida una aparición póstuma en Avengers: Doomsday (que se estrenará este diciembre).
Como profesor X, Stewart dio vida a un querido superhéroe que combinaba una cálida actitud paternal con una inteligencia reservada y calculadora. Era el líder empático de un grupo de personas extraordinarias que habían sido rechazadas, amenazadas y perjudicadas por el mundo debido a sus diferencias.
No podemos evitar pensar que este papel permitió a Stewart canalizar buena parte de su compromiso personal con las comunidades queer marginadas y su apoyo a las víctimas de la violencia doméstica (basado en sus propias experiencias durante la infancia).
En este papel, Stewart compartió pantalla con su viejo amigo sir Ian McKellen, que interpretaba al antagonista mutante y maestro del metal Magneto. Irónicamente, McKellen había advertido en su día a Stewart que no abandonara el teatro por la pantalla, aconsejándole que una carrera en el cine y la televisión no le llevaría a ninguna parte.
La entrañable amistad entre Stewart y McKellen y sus aclamadas interpretaciones en X-Men se convirtieron en una leyenda de internet, especialmente cuando McKellen ofició la boda de Stewart con la cantante estadounidense Sunny Ozell en 2013.
El trabajo de Stewart en Star Trek como Jean-Luc Picard, capitán (y posteriormente almirante) de la USS Enterprise, es igualmente venerado.
En su primer gran papel en la televisión estadounidense, ocupó la silla de capitán en Star Trek: La nueva generación en 1987. Llegaría a participar en siete temporadas, cuatro películas para el cine y la reciente serie secuela Star Trek: Picard.
A pesar de sus reservas iniciales —incluido un célebre incidente en el rodaje en el que dijo estoicamente a sus bulliciosos compañeros de La nueva generación que «no estamos aquí para divertirnos»—, Stewart acabó abrazando el papel de Picard. Será recordado como uno de los intérpretes más aclamados y legendarios de Star Trek.
Como Picard, Stewart creó un modelo de conducta poderoso en una franquicia centrada en un futuro inclusivo y utópico.
El Picard de Stewart era un líder respetado, explorador intergaláctico, brillante orador, apasionado de Shakespeare, diplomático reflexivo, aficionado a la arqueología y consumidor empedernido de té, como él y otros personajes decían célebremente: «té, Earl Grey, caliente».
Este capitán era un faro inspirador de esperanza, curiosidad y descubrimiento. Defendía los ideales de exploración y comunidad de la Flota Estelar, pero animaba a su tripulación —y, por extensión, a todos nosotros— a buscar el conocimiento. Nos instaba a resolver los problemas con racionalidad y empatía, y a trabajar por un futuro mejor para la humanidad.
Una inspiración duradera
Como muchas otras personas que crecieron en los años noventa viendo a Picard en televisión, sigo sintiendo que la filosofía del personaje y la interpretación de Stewart tienen un profundo impacto en mí como académico y docente que procura vivir y enseñar de acuerdo con esos ideales.
Si no hubiera sido por la inspiración que Picard y Stewart me proporcionaron durante mi infancia, quizá nunca me habría convertido en académico.
Stewart vivió una vida importante, de esas que el propio Picard habría admirado, y deja tras de sí una obra muy apreciada, además de un legado de compromiso social.
Ahora se dirige audazmente hacia donde ni tú ni yo hemos llegado antes.![]()
Chris Comerford, profesor titular de Comunicación y Medios, Universidad de Wollongong
Este artículo se republica a partir de The Conversation bajo licencia Creative Commons.





