La gira real por el Caribe es la primera visita del rey a esta región de la Commonwealth como monarca. Se produce en un momento de protestas y de crecientes demandas de reparaciones por la esclavitud, así como de una disculpa por el papel histórico de la familia real en ese comercio.
En este contexto, el historiador Anthony Seldondescribió esta gira como potencialmente «el mayor riesgo» del reinado del rey. Carlos se encuentra en la región no solo como jefe de Estado y de la Commonwealth, sino también como cabeza de una familia que se benefició personalmente de la esclavitud.
El primer ministro Andy Burnham también ha viajado al Caribe para asistir a la cumbre de jefes de Gobierno de la Commonwealth. Burnham ha dicho que está abierto a la posibilidad de una disculpa por el papel de Gran Bretaña en el comercio de esclavos, pero ha dejado claro que no considera que las reparaciones sean la respuesta adecuada.
La última vez que Carlos visitó el Caribe fue en noviembre de 2021, para supervisar la transición de Barbados hacia una república. Las Bahamas y Antigua y Barbuda, incluidas en el programa de esta ocasión, figuran entre las ocho naciones caribeñas que mantienen al monarca británico como jefe de Estado. Guyana, también incluida en la gira, se convirtió en república en 1970.
El rey sabía que no podría evitar conversaciones incómodas durante esta gira. La Comisión de Reparaciones del Caribe está ejerciendo una presión local cada vez mayor sobre Carlos para que ofrezca una disculpa formal por el papel de Gran Bretaña en el comercio de esclavos. En la primera noche del rey en las Bahamas, durante un encuentro juvenil en la capital, Nassau, se refirió al «enorme sufrimiento y las injusticias del pasado». Hubo algunos manifestantes, pero permanecieron en el exterior.
Las giras reales siempre han entrañado riesgos. Después de la última visita real al Caribe, con motivo del Jubileo de Platino en 2022, el formato tradicional parecía necesitar una revisión. Las imágenes «fuera de lugar» de Guillermo y Catalina en Jamaica, vestidos de blanco imperial en un Land Rover descapotable de las Fuerzas de Defensa de Jamaica y saludando a niños a través de una valla metálica, se hicieron virales.
Fue un recordatorio chocante del pasado colonial que ensombreció toda la gira, en la que también hubo protestas en Belice y las Bahamas. Después, Guillermo dijo que las giras al extranjero ofrecían «una oportunidad para reflexionar».
El papel histórico de las giras
Los riesgos de la gira de este otoño habrán sido sopesados cuidadosamente por el Comité de Visitas Reales (integrado en la Oficina del Gabinete). La historia de las giras reales puede explicar por qué se consideró que merecía la pena asumir esos riesgos.
En el marco del proyecto de investigación «La Corona visible», he examinado los vínculos de la familia real con el Caribe, prestando especial atención a las visitas realizadas desde que Isabel II accedió al trono en 1952. Lo que he descubierto es que la supervivencia de la monarquía en el Caribe puede explicarse, en parte, por la historia de cómo se ha gestionado cuidadosamente su visibilidad.
La visita real tal como la conocemos fue concebida para legitimar la Commonwealth y sostener la monarquía británica durante el periodo de declive imperial y transformación constitucional.
Para algunas de las islas, la gira de Isabel por el Caribe en 1966 fue la primera ocasión en que un monarca las visitaba. En aquel momento, los funcionarios definieron su «filosofía de la visita real». Sabían que las giras debían proyectar una imagen de Isabel que diera sentido a su papel en países que acababan de independizarse o estaban a punto de hacerlo, así como en aquellos que podían optar por convertirse en repúblicas.
Esa imagen debía ser la de una figura materna para la nueva «familia de naciones»: la Commonwealth. Desde entonces, la gira real ha permanecido prácticamente inalterada: las visitas debían ser breves, pero frecuentes, en contraste con las giras imperiales, que eran más largas. Debían tener el ambiente de una reunión familiar y el monarca tenía que estar fácilmente al alcance de la vista.
La informalidad y la cercanía eran prioritarias: las recepciones en jardines, los paseos entre la gente bajo el sol y las celebraciones en las calles, junto con los más solemnes honores militares y los discursos ante el Parlamento del país anfitrión, se convertirían en elementos habituales.
Los itinerarios, de carácter protocolario, respaldaban los valores de continuidad, protección y compasión. Los niños siempre estaban presentes: las visitas a hogares infantiles, escuelas y hospitales ofrecían la oportunidad de mostrar a un monarca atento y protector, comprometido con su futuro.
En las imágenes oficiales de la gira por el Caribe de 1966, la cámara se detiene en un niño de Santa Lucía que sostiene una pancarta: «Os queremos, volved pronto».
Los organizadores de las giras reales son conscientes de la extraña capacidad de estos rituales para despertar emociones y cultivar la lealtad. Después de la visita de Isabel a Jamaica en 1983, el alto comisionado del país informó al Gobierno británico de que «la calidez del sentimiento popular» generada por su visita demostraba «una vez más el amplio apego a la Corona». Ahora Carlos tiene que rehacer la gira real a su propia imagen. Pero, en realidad, su edad juega a su favor, pues le confiere cierta vulnerabilidad.
Como ha demostrado mi trabajo sobre la historia de las ceremonias reales, la monarquía británica siempre ha utilizado y adaptado símbolos, rituales y pompa ceremonial para legitimarse y mantener su relevancia en un mundo cambiante. La gira moderna por la Commonwealth y su insistencia en la visibilidad se inspiran en la tradición de los viajes reales de la Edad Moderna. Isabel I, al igual que Isabel II, sabía que tenía que «dejarse ver para que creyeran en ella», y se desplazaba con frecuencia por Londres y por todo el país para saludar a sus súbditos. Entonces, como ahora, había tanto protestas como vítores.
En el contexto del Caribe, sin embargo, la exhibición del poder real durante una gira refuerza una compleja y arraigada asociación entre la autoridad supuestamente legítima y la blancura. Pero la reforma constitucional también formaba parte de la agenda de este viaje. Varios dirigentes caribeños han expresado recientemente su intención de que sus países se conviertan en repúblicas: Jamaica, las Bahamas y Antigua y Barbuda.
Sin embargo, como ha revelado una encuesta reciente realizada por investigadores de la Universidad de las Indias Occidentales, el apoyo al republicanismo varía considerablemente de un país a otro. Según muchas de las constituciones, no es lo bastante fuerte como para impulsar una reforma.
El papel (no electivo) del rey como jefe de la Commonwealth es importante para él, como lo fue para su madre. Este cargo preserva el estatus global de la monarquía británica. Así pues, esta gira era una oportunidad para estrechar los vínculos de la Commonwealth caribeña y legitimar a Carlos como su figura paterna. Es posible que no necesite disculparse por el papel de Gran Bretaña en la esclavitud para que este viaje se considere un éxito.
Este artículo fue corregido el 3 de noviembre para eliminar detalles sobre los países visitados durante esta gira.![]()
Alice Hunt, catedrática de Literatura e Historia de la Edad Moderna, Universidad de Southampton
Este artículo se reproduce a partir de The Conversation bajo una licencia Creative Commons.





