Cuando se pierde la vergüenza no puede exigirse el respeto
“Prometemos según nuestras esperanzas, y cumplimos según nuestros temores.” François de La Rochefoucault
El Tribunal Supremo corre el riesgo de ser considerado una oficina al servicio del Poder, sea este económico, religioso o político. Sus actuaciones producen alarma social y desconcierto democrático. Todo lo menos que debiera esperarse de unas personas que tienen como principal función ser los custodios de las garantías democráticas.
- Publicado en Opinión
- Escrito por Alberto Vila