A mediados de la década de los setenta del siglo pasado, un jurista y politólogo francés, Roger-Gérard Schwartzenberg, habló del dilema de la oposición en las democracias occidentales: o renuncia a singularizarse y se distingue poco de los partidos del Gobierno o, por el contrario, cultiva con intransigencia su particularismo y se despega de parte del cuerpo electoral (Sociologie politique. Élements de Science Politique, París, 1974, pág. 354). Poco antes, otro jurista y politólogo francés, Maurice Duverger, expuso la distinción entre la lucha política en el régimen y la lucha política sobre el régimen, siendo la primera propia de las democracias asentadas con consensos generales, en tanto que en la segunda (propia de países con partidos antisistema, fascistas y comunistas) hay partidos que niegan legitimidad y rompen el consenso (Sociología política, Barcelona, 1970, págs. 246-249).