“…porque llevaba el móvil en la mochila”
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
En la crisis de duración de ya más de un año con Mazón como protagonista hay algo de “retrato inacabado”, como decía José Manuel Caballero Bonald en su libro memorialista “Examen de ingenios” (Seix Barral, 2017), a propósito de Bergamín, de quien decía “que tenía físicamente algo de retrato inacabado, era feo de frente y de perfil”. La utilización del fórceps para el logro de la dimisión de Mazón, con los insultos en la misa de funeral de aniversario de la dana y la mañana de llamadas de Feijóo en la jornada siguiente, dio como resultado la entrega de la cuchara del recoleto alicantino ante el incendio anímico que amenazaba con producir concomitancias de gran volumen en los graneros de votos del Partido Popular, en Valencia y en España entera, así en la Tierra como en el Cielo.
Pero el juego de espejos de la dinámica política ofrece continuas apelaciones al mismo protagonista del último año, y entre comisiones y comisiones aparece el espectro y el cuerpo presente del ex president en cada minuto de cada hora correspondiente a cada jornada con la Generalitat por noticia. A las imágenes que revolotean con frecuencia en la que tomó raciones de foco mediático con su jefe nacional Feijóo, a quien estas imágenes hacen tanto daño como las lesiones ocasionadas por el paseo en embarcación con el narco aquel, se añade con su contemplación una porción de duda acerca de la mesura del cuajo del líder gallego de cara a las elecciones futuras, no se hable más y entre tanto de la moción de censura, por el momento muy alejada del calendario romano, con sus solsticios y sus equinoccios.
A tanta colección de infamia acumulada por el Mazón president se ha sumado la producida por las reacciones a la entrevista en televisión a la cesada vicepresidenta Salomé Pradas, a la que se ve de suyo muy poco inclinada a la defensa del dimisionario jefe de gobierno. El deletreo de sus manifestaciones, cada cual apoyada en el minutado de la aciaga tarde de la riada, lleva a una desembocadura terrible, la misma que trata del recuerdo de una declaración de Mazón en la que se parapeta en una respuesta explicativa de por qué no cogió la llamada de Pradas: “no la oí porque llevaba el móvil en la mochila”. Ahí mismo se trasmuta el gesto de la vicepresidenta para la contención de cualquier emoción y se abre la compuerta de la rabia. Ahí se percibe la voluntad de la sinceridad en la entrevistada para abandonar la quietud y la inhibición.
En ese mismo instante, con su anatomía correspondiente, se fragmenta la capacidad del punto y final del asunto de la dimisión de Mazón. Porque sigue haciendo declaraciones, en sede parlamentaria y de investigación, y las pruebas practicadas por la jueza de Catarroja reordenan los aparatos de absorción de las personas y los votantes. Y ahí entra la imagen del retrato inacabado de Caballero Bonald. El dueño de la generación de oprobio sigue por ahí porque ha querido añadir recuerdo envenenado con su presencia en las Cortes valencianas con la conservación del aforamiento, mientras se cronometran todos y cada uno de los recorridos a pie de las aceras de la ciudad de Valencia a más o menos paso ligero, en coincidencia con las anegaciones de los espacios colindantes.
Los aniversarios de los familiares y amigos de las víctimas tienen una obligada convivencia con la anecdótica espiral de la necesidad o no de comer con o sin jersey, la compañía de la mochila, los menús cerrados, el Júcar, los cauces de los barrancos, sus desiertos y sus cercanías con las construcciones. En las manifestaciones de convocatoria de la calle Génova pasadas con el lema de la corrupción sanchista aparecía siempre Mazón con la mano en primer tiempo de saludo. Ahora ha paladeado la posibilidad de la renuncia en la seguridad de que su puesto habría de ser ocupado por la presencia de Juanfran Pérez Llorca, flamante sucesor del intitulado en la condición miserable en que le instaló Gabriel Rufián. Esto es, que Feijóo y la cohorte en la dirección del PP nacional debería dar continuidad a la presión para expulsar de la representación pública a Carlos Mazón, no ya por la sanidad e higiene de la ciudadanía en general, sino por el aprovechamiento del Partido Popular en su lado particular.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.