El PP, Junts y la variable del camaleón
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Entre la publicidad del encuentro en agosto del pasado año, en período pre investidura, de delegaciones de PP y Junts, en tono exploratorio de acuerdos, y la presentación en el Congreso del partido de la calle Génova de una propuesta de extraordinaria dureza penal para ilegalizar a los partidos que apoyen o promuevan la independencia de territorios o convocatoria de referéndum para tal fin, existe un trecho de gran magnitud de interpretación.
Esta distancia entre ambas actuaciones repercute en el entendimiento de la cohesión del principal partido de la oposición y hace dudar de la firmeza de esta formación en su cuerpo estratégico y de presentación en la arena política ante una situación excepcional, como la avanzada por la coalición Psoe-Sumar, con acuerdo de aplicación de amnistía al partido de Puigdemont con la concertación añadida de una investidura para abonar la formación de gobierno.
Estas divergencias -sondeo de acuerdo con los nacionalistas catalanes frente a la carga punitiva de cualquier veleidad independentista de catalanes y vascos- hablan de la existencia de corrientes en el Partido Popular con variables de muy largo recorrido. De la situación preparatoria a la investidura ensayada por Feijóo al enero presente se ha clarificado la situación de gobierno y oposición y el juego parlamentario con los naturales sobresaltos y amenazas de ruptura de la paz en los escaños del Congreso de los Diputados, pero las diferencias de posición política con respecto al asunto territorial en el seno del PP permiten aflorar una crisis de identidad que asoma como muy diferente a la estabilidad de un partido ganador de elecciones pero lejos de la formación de ejecutivo.
Desde el 28 de mayo, cuya noche de triunfo electoral en comicios municipales y regionales presagiaba continuidad en la actitud ganadora, hasta el tiempo actual, el candidato Feijóo así como los dirigentes de relumbrón Moreno Bonilla y Ayuso han aparecido en sintonía coral en muchas ocasiones, pero la sospecha de diferencias en el dibujo de estrategias se perfila como una posibilidad real. Las elecciones gallegas del 18 de febrero próximo se presentan como una oportunidad imposible de desaprovechar por el PP, cuyo feudo del noroeste español lleva tiempo sin ser desbancado, precisamente con el rostro de Feijóo como estandarte intocable.
Ahora bien, si se produjese la sorpresa que se hizo realidad en julio pasado, las turbulencias en el seno interno del partido opositor afectarían decisivamente al presidente nacional, cuyo liderazgo entraría en fase de desaparición sin lugar a dudas. Los comicios gallegos, pues, tienen la etiqueta de trampa visiblemente adherida. El vuelco zigzagueante hacia la posición de Vox, más cercano o más alejado, según surjan ocasiones para una conveniencia u otra, no son suficientes para abandonar la certeza que presenta a Vox como el principal motivo de inquietud para el Partido Popular, sabedor que la suma con el partido de Abascal implica ahora y siempre la resta de las otras fuerzas.
Salir de esa circularidad viciosa lleva al menos cuatro años o, lo que es lo mismo, una legislatura, que debería ser aprovechada no solo para lacerar a la coalición de gobierno, sino principalmente para el objetivo de laminación de Vox hasta su inexistencia, en la segunda edición de lo ocurrido con Ciudadanos. La referencia madrileña de Ayuso digirió expeditivamente al partido de Rivera y Arrimadas y lleva camino de hacer lo propio con Vox en sus confines de dominio de la Comunidad de Madrid.
El faro de la puerta del Sol está dirigido en programación 24/7 hacia la calle Génova, sabedores en el kilómetro cero que tienen la clave alfanumérica para el exterminio de Vox, fuente de casi todos los problemas de crecimiento del Partido Popular. Estos cambios de entendimiento en el asunto nacionalista catalán no son más que exponentes de los cambios de percepción de partido en la cabezas de su presidente y sus proyecciones, que pudieran no ser tales, en las comunidades gobernadas por el PP.
“¿Siente el camaleón piedad hacia los colores que continuamente se ve obligado a cambiar?”, así se hace la pregunta Joseph Roth, en “Judíos errantes” (Acantilado). Estos colores del camaleón también pueden generar preguntas en las capitanías del partido encargado de la oposición más visible.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.