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El problema de la vivienda


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

El tema de la vivienda es, su falta a precios asequibles, probablemente el tema más crucial en afrontar en los próximos años. En Cataluña, y especialmente en la ciudad de Barcelona, resulta dramático.

No se ha hecho prácticamente nada en relación con vivienda social y protegida, ni de alquiler ni de compra. Las instituciones han actuado con desidia y han facilitado además movimientos especulativos y de desplazamientos forzados que han facilitado el encarecimiento y su escasez. El derecho a la vivienda se ve en cuestión por el fenómeno de la gentrificación y la proliferación de apartamentos turísticos. La explosión del turismo como fenómeno masivo con las posibilidades que dan las plataformas de internet ha generado, aparte de la multiplicación de los viajes, el surgimiento del negocio de arrendar viviendas para alojar a turistas o estancias cortas, que está siendo muy lucrativo. Airbnb es la plataforma de referencia y quien más ha hecho para transformar las ciudades con atractivo turístico, y no precisamente para mejorarlas. El turismo, para ciudades como Barcelona o poblaciones costeras actúa como una auténtica plaga, porque las transforma de forma que las hace inhabitables para sus ciudadanos, convirtiendo lo que eran lugares tranquilos para vivir, en parques temáticos destinado únicamente a exprimir a los viajeros, cuanto más mejor. Ciertamente que el turismo como sector complementario a otras actividades puede resultar lo suficientemente positivo, pero deja de serlo cuando de manera industrializada convierte a las poblaciones o los barrios en espacios sólo pensados para los viajeros, haciendo esta industria una apropiación de lo común y del espacio público. No habría que olvidar que, ante todo, nuestras ciudades y calles deberían servir para vivir de manera decente sus ciudadanos.

La vivienda está dejando de ser un bien social, el acceso a ser un derecho inalienable a convertirse en vehículo de riqueza e inversión para grandes fortunas. El grupo Blackstone destaca entre ellos. Es el mayor grupo de private equity del mundo, con intereses inmobiliarios brutales. Toca todos los palos de la inversión, desde grupos hoteleros como Hilton, hasta fondos de cobertura; del grupo de juego Cirsa hasta el parque de Orlando, pasando por Hewlett-Packard. En Estados Unidos compró más de 2,5 millones de viviendas cuando la crisis de las hipotecas, para alquilarlas y venderlas al revalorizarse. En España, ha protagonizado las mayores operaciones de especulación inmobiliarias. Es un fondo buitre que compra por debajo de los precios de mercado bancos o ayuntamientos, como hizo en el Madrid de Ana Botella, actualmente tiene un banco de unas 30.000 viviendas en España. Actúa en todo el mundo en barrios degradados, comprando edificios y aumentando los alquileres hasta desplazar a los inquilinos por gente con más ingresos. En Madrid le vendieron 5.000 viviendas, la mayoría tipificadas de sociales que, con la operación, dejaron de serlo. El carácter especulativo se evidencia en que muchas viviendas se mantienen vacías durante tiempo y, sin embargo, van cambiando de manos en operaciones sucesivas. De hecho, más que viviendas, resultan activos contables con los que especular.

En muchas ciudades globales, el boom inmobiliario coincide con una crisis de vivienda sin precedentes. Son dos caras de la misma moneda. Más allá de la rehabilitación de los centros históricos, las nuevas torres de viviendas que se construyen son para grandes inversores externos que depositan la capital en el sector de la vivienda. Que se produzca una burbuja en su entorno resulta una forma de multiplicar el capital invertido. Si no se delimita la vivienda, el derecho básico a tenerla, de la especulación turística y financiera, no existe salida. Todo lo que se construya será insuficiente e inasumible para los ciudadanos que ven como su ciudad, de repente ya no les pertenece. Toronto es actualmente uno de los ejemplos más extremos. La paradoja, el absurdo, que muchos pensionistas resultan expulsados de su ciudad justamente por los fondos de pensiones en los que han invertido.

El tema afecta y mucho a los jóvenes. España, un país en el que la cultura de la propiedad de la vivienda se había impuesto desde hace años no sólo de manera elevada sino incluso excesiva, superando el 70% de las familias, en los últimos años está cayendo muchísimo entre las generaciones más recientes. En los últimos diez años, las generaciones menores de 35 años, sólo un 35% disponen de vivienda en propiedad. No es un cambio de hábitos y cultura, sobre todo lo es de posibilidades.

 

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR


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