Milei y el patriotismo borgiano
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
Aliado con los acontecimientos extraordinarios, Pedro Sánchez se agarra a la parte de mejor asidero cuando se produce ocasión electoral. El momento en que, por sí mismo o por presentación de alguien en defensa de los preceptos de partido, se configura la epifanía singular de una participación en cita electoral, aparece paralelamente la mejor versión del mandatario que capitanea el gobierno español.
Del escaso recorrido procesal de la causa abierta contra su mujer, a tenor de opiniones de solventes juristas, lo ocurrido desde el mismo día en que se hizo pública la apertura de diligencias contra Begoña Gómez conserva un dibujo netamente favorable al presidente como adalid de la marca socialista de su partido. El triunfo de Salvador Illa podrá o no tener la ínfula de superación de la atmósfera del procés, pero sin duda alguna el paréntesis de cinco días elegido por el presidente para aguantar el oxígeno ciudadano en los pulmones cívicos, con la compañía de la confusión o de las explicaciones chatas para tanta decisión, lo cierto es que la campaña electoral catalana tuvo el ingrediente de alguna comodidad o comprensión hacia los padecimientos por la polarización mediática y el hartazgo solidario por la presión a que se somete a un mortal por mucha púrpura presidencial con que se revista.
Ahora, a tres días del inicio de campaña de las elecciones europeas, con quince días por delante de entrevistas, tarimas, traseras, voces, gritos y controversias, la derivada de la pareja del presidente sigue su curso elíptico a lomos del presidente argentino, que recala en el cuerpo de Javier Milei, un personaje en propiedad de un carisma peculiar desde el punto de vista estético, pero que al mismo tiempo es sobrepasado en su singularidad por la pertenencia a una clasificación ideológica rancia que propende a su inclusión en el mismo bando de Meloni, Orban, Bolsonaro, Le Pen. Sin posibilidad de carga de prueba, son muy pocos quienes puedan pensar que la visita de Milei al cónclave impulsado por Vox y Abascal se hubiera saldado con balance ileso aun sin producirse el denuesto de Óscar Puente con la compañía de la insinuación.
El inquilino de la quinta de Olivos, con sus treinta hectáreas de superficie, tuvo tiempo y espacio para digerir con usos y costumbres de diplomacia y alta política la crisis de las insinuaciones del ministro de Transportes, pero tiró por elevación contra el objetivo que presumía de tendencia y moda entre la oposición conservadora de PP y Vox. La pertenencia a la taxonomía de Vox por parte del presidente argentino hacía presumir el exabrupto con la seguridad inquebrantable. La finta que podría presumirse en el caso de Feijóo y del PP no se ha producido y se ha visto envuelto en un problema diplomático entre España y Argentina, sobre el que podía haberse deslizado con la misma habilidad que Jesucristo demostró en el mar de Galilea.
Sánchez, pues, se ha visto alineado por derecho propio en el grupo de liza europeo del establishment gobernante, ayudado por el episodio Milei para tomar una posición de agredido en la consideración de vector de relieve institucional de nuestro país en Europa. El empellón del apasionado argentino contra España, como antes lo fue contra la Colombia de Petro, el Brasil de Lula, o la China de Xi Jinping, transporta al gobierno de Sánchez al grupo de consolidación de la calma gobernante de Europa, fuera de los ensayos de trepidación y riesgo.
Borges, argentino universal, escribió “Ficciones”, en 1944, un prodigio de cuentos que forma parte de la historia de la literatura del siglo XX, y en su deletreo habla de un personaje del que dice de sí mismo que “acudí a la menos perspicaz de las pasiones: el patriotismo”. El genio gesticulante de Borges abrió el camino para el relleno de la ficción con la argamasa de la realidad. No otra cosa hizo Galtieri en el encomio de las Malvinas.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.