La cuadratura de Pedro Sánchez
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La divisoria entre lo posible, lo probable y lo real mantiene las constantes de la presente legislatura surgida de la fecha 28 de julio de 2023, alumbramiento que tuvo por inductores finales a Pedro Sánchez y Carles Puigdemont, improbables hacedores del resultado final de la convergencia de intereses en el momento de la convocatoria electoral. La ecuación necesidad y virtud como elementos capitales del acuerdo de puesta en marcha del período legislativo, que se produjo ya casi metidos en el invierno pasado.
El partido socialista bajo la dirección mesiánica de su secretario general creyó en la posibilidad matemática que desmayó los cálculos optimistas de la campaña del Partido Popular, si bien hay unanimidad en la manifestación de genialidad de Sánchez y su guardia personal en el adelanto inmediato de la convocatoria, que siempre sería previa a la formación de gobiernos autonómicos y locales donde brillase con especial esmalte la presencia de Vox como uno de los sumandos.
Siempre que se puede se encarna como realidad la presencia de ánimo de la sociedad española para digerir la foto de un gobierno PP y Vox, pero la dificultad que se añade por la categorización es más ancha de lo previsto. Entre este aprovechamiento sentimental por parte del PSOE y los estertores de imposible comprensión en la figura institucional de recambio de Alberto Núñez Feijóo se hizo posible la vuelta de los números en campaña a las cifras en la elección, incapaces de sortear la aritmética.
A Nietzsche, según su biógrafo Reginald John Hollingdale, le condonaron su insuficiente concepto matemático para su ingreso en el centro de estudios Pforta. “¿Vamos a penalizar al mejor estudiante del centro por sus problemas con las matemáticas?”. Este mismo parecer de tolerancia no fue el aplicado a Feijóo y se encontró con la falta de colaboración de Junts para la investidura del dirigente gallego, enredado entre la historia de su partido en lo concerniente a Catalunya y la aplicación de la amnistía y las relaciones inconfesables con Vox.
En este preciso momento próximo al cumplimiento del primer aniversario de la investidura de Sánchez, con fecha 16 de noviembre, la soldadura del acuerdo de hace un año no alcanza ni mucho menos la calidad del hermetismo. Se oyen pasos y voces al otro lado del muro que hace doce meses pareciese de garantía ante cualquier atisbo de inestabilidad. El festival de elecciones de este 2024 en diversos terrenos regionales ha concluido con el de Catalunya, donde se ha erigido la figura triste de contorno “Theotocopuli” de Salvador Illa para añadir seriedad patética al momento de configuración del cambio en Catalunya fuera del protagonismo nacionalista, si bien la cooperación de ERC ha resultado de una necesidad indiscutible, al margen de su relación con la virtud tantas veces glosada por el presidente del gobierno de España.
La idea de la amnistía preside, se quiera reconocer o no, el riego cerebral de Junts con su capital político en manos de Puigdemont, cuyas apariciones y performances encuentran en la filas del partido un acomodo de desafío y valentía humorística a la impavidez de las instituciones españolas políticas y judiciales. Si hay margen para la pelea por la amnistía, el sentido común aún en la composición de actividad política en nuestro suelo, los apoyos del nacionalismo de Junts no parecen correr riesgo. La confianza de Puigdemont en Feijóo todavía es un asombro que produciría grietas en el cuerpo ideológico de su fuerza con un corrimiento de tierra favorable a los intereses de ERC, que parece a día de hoy depender de la tendencia que encabeza Junqueras, todavía rostro muy visible con la banda de la vicepresidencia de la Generalitat en el otoño de 2017, va para siete años de via crucis.
Para Sánchez, estos ejercicios de cálculo, con composición de sumas y restas, una vez aplicados a los presupuestos, otra vez al reconocimiento de la candidatura de oposición en Venezuela, suponen tareas también de jefe de gobierno porque de sus resultados dependen los cumplimientos de proyectos de ley. Pero la distinción de categorías y calidades en la actividad presidencial no es algo que escape al escrutinio del inquilino de la Moncloa. Venezuela, con tantos agentes en juego, Naciones Unidas, la Casa Blanca, Brasil, México, Colombia, no representa para el partido en el gobierno similar preocupación que los cambios de humor de Puigdemont.
Todo el tiempo que transcurra de legislatura que permita ocupar el banco azul por los ministros de Sánchez se va a disputar en condiciones de inestabilidad, que no será otra cosa que filial de las dificultades extremas con que se compuso aquella unidad que permitió la investidura sorprendente y la perplejidad no menos inesperada. Los días, las semanas y los meses serán confines temporales de trabajo diario en los que se jugará por debajo de la mesa probablemente en más ocasiones que por encima de ella. Sánchez se agarrará seguramente a las líneas célebres de Fernando Pessoa, en su “Libro del desasosiego”, “de qué me sirve llamarme genio si soy ayudante de contabilidad?”.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.