La globalización se vuelve bélica
- Escrito por Alberto Vila
- Publicado en Opinión
La pérdida de hegemonías produce efectos reactivos que suelen intensificar los múltiples conflictos que habitan las profundidades de los colectivos humanos. Ajustes de cuentas pendientes de las oportunidades que no suelen coincidir en el tiempo, aunque, cuando lo hacen, las sinergias que producen sus manifestaciones son significativas.
La Belle Époque fueron aquellos años posteriores a la guerra franco-prusiana hasta los previos a la Primera Guerra Mundial. En aquella Europa, en ese período de paz, comprendido entre la última década del Siglo XIX y el comienzo de esa primera gran guerra, se favorecieron los avances científicos, técnicos, sociales y económicos. Al tiempo, junto a esa dinámica de cambios, los conflictos que subyacían dentro de los diferentes grupos étnicos, religiosos, sociales y económicos, también se manifestaron reclamando su lugar en la distribución de los beneficios que tenían lugar. Las poblaciones de los países que abarcaban esa denominación sentían que vivían “tiempos de posibilidades”. Las Exposiciones Universales ponían de manifiesto sus respectivos poderíos.
Por tanto, esos tiempos de cambios que trajeron nuevos actores en el panorama económico y político mundial, al tiempo que los viejos imperios trataban de mantener su status en el reparto del poder mundial, incubaban las energías contrapuestas de la suma de conflictos.
Junto a esos años llamados, por el gran público, Belle Époque, también convivió con ella la llamada “Paz Armada”, menos publicitada, aunque ejercida por la cúpula dirigencial de los estados en conflicto. Fue coincidente en el tiempo y caracterizada por el fuerte desarrollo de la industria armamentística de las potencias y por la cada vez mayor tensión en las relaciones entre los estados en pugna. Estos se debían a cuestiones limítrofes, étnicas o religiosas, económicas o, en todos sus niveles, por los acuerdos y alianzas entre esos estados. Incentivar el odio era una necesidad incuestionable para lograr que las poblaciones se lanzasen a una matanza por las razones más irracionales.
Para muchos, las causas de aquella primera gran guerra, fueron: la competencia industrial, el control colonial de las materias primas de los grandes imperialismos europeos, el surgimiento de los nacionalismos, la reconfiguración de alianzas y, como detonante, el necesario crimen político que se constituyese en la excusa perfecta para la cascada de declaraciones de guerra que se sucedieron, hasta llegar a la confrontación mundial.
Pasado aquel conflicto, los diferentes actores siguieron dirigiéndose a una segunda gran guerra, luego de un período de paz que sólo sirvió para el rearme y la expresión del odio entre humanos.
Así llegamos hasta hoy. Me pregunto si cualquier parecido con la realidad actual es mera coincidencia.
Alberto Vila
Economista y analista político, experto en comunicación institucional.