La deriva de las clases medias
- Escrito por Josep Burgaya
- Publicado en Opinión
Toda sociedad y todo individuo sienten y experimentan múltiples formas de miedo. Pero quizás nunca como ahora el miedo atenaza y condiciona a los grupos sociales intermedios. Es lógico: tienen miedo aquellos que tienen algo que perder. Las clases medias crecen y se consolidan en el mundo occidental, especialmente durante las tres décadas gloriosas del Estado del bienestar. Si el conflicto de había sido muy duro en los primeros cuarenta años del siglo XX, con salidas totalitarias que representaban una apuesta burguesa frente a una clase obrera revolucionaria que tenía como referente el modelo soviético de superación del capitalismo, tras una guerra que dejó más de cincuenta millones de muertos, se impuso un cierto arreglo entre capital y trabajo. El miedo inherente a la incertidumbre del futuro quedaba mitigado por las seguridades que el Estado se encargaba de proporcionar. De paso, se desarmaba a la clase obrera clásica y su sentido de pertenencia como grupo, reforzando el ascensor social y un nuevo sentido de inclusión en un grupo heterogéneo en progreso. El centro de la sociedad pasó a estar dominado por los sectores intermedios de empleados, profesionales y autónomos, quienes, en una feliz definición de los sociólogos alemanes Ulrike Berger y Claus Offe, fueron calificados como una "no-clase" insustancial. Las generaciones occidentales nacidas después de 1945 no conocerían ni el totalitarismo ni la guerra. Se acostumbrarían a la seguridad, el bienestar, los derechos y el ascensor social. El horizonte era expansivo y el futuro, un escenario donde actuar y triunfar. Pero la posibilidad de perder lo que se tiene, a partir del cambio de siglo y sobre todo con los efectos de la crisis de 2008, ha generado miedos que han afectado las actitudes sociales y políticas.
De hecho, la clase media se ha ido definiendo cada vez más por un sentido aspiracional que por niveles de renta o funciones homogéneas dentro del proceso productivo. Se trata de una diversidad de ocupaciones, ingresos y culturas, cada una con sus propios objetivos, que debe gestionar un amplio catálogo de frustraciones y miedos. Hablamos de técnicos con distintos niveles de cualificación, funcionarios con diversos grados de mando y responsabilidad, trabajadores de cierto nivel en el sector financiero y tecnológico, cuya aspiración es vivir como el 30% más rico de la sociedad. Definirse como clase media es, básicamente, un intento de desprenderse de un lastre social y cultural. También forman parte de ella trabajadores de la sanidad y la educación, profesionales liberales y autónomos que ejercían su actividad antes de la uberización de la economía y de las cooperativas de trabajadores subcontratadas por las grandes empresas.
Sin embargo, para muchos integrantes de esta "no-clase", la evolución de la economía en un mundo globalizado ha oscurecido sus perspectivas de futuro. El mundo occidental se ha desindustrializado y, con las actividades manufactureras, también han desaparecido parte de las actividades terciarias y cuaternarias. El empleo basado en la industria es escaso, al igual que el trabajo en actividades técnicas y cualificadas. La crisis de 2008 trajo no solo desempleo, sino también precariedad y, sobre todo, el temor a perder un estatus que se creía consolidado. El miedo se apodera de aquellos sectores que, aunque aún mantienen su empleo y sus ingresos, vislumbran el abismo que se abre cerca de ellos. Como grupo, la clase media observa cómo sus ingresos se estancan, mientras que son muchos más los que descienden en la escala social que los pocos que logran ascender al segmento superior con sueldos elevados.
Muchos de los hijos de este grupo social, con buenos niveles de formación y amplias competencias, se ven relegados a encadenar contratos temporales, a menudo en la administración, o a depender de formas de contratación precaria —por ejemplo, en las universidades—, pendientes de conseguir nuevos encargos y proyectos que les permitan subsistir, pero sin la posibilidad de estabilizarse y emprender un proyecto de vida. Jóvenes heridos y enfadados, con familias ofendidas y resentidas al ver que sus hijos nunca podrán alcanzar el nivel de vida y el reconocimiento que ellos, más o menos, sí disfrutaron. No tienen menos formación, contactos o capital social que esa minoría que ha logrado ascender al escalón superior y que goza de estabilidad, motivación e ingresos superiores a los 100.000 euros anuales. El efecto de la comparación resulta letal para generar malas vibraciones y profundizar en una frustración que, a menudo, también deriva en depresión. No viven mal, especialmente si se comparan con los sectores más débiles de esta misma clase media o con quienes forman parte del ejército de la precariedad y la pobreza. Su situación es un "bienestar precario", en el que no pueden satisfacer expectativas que iban mucho más allá. En un mundo donde se ha impuesto la idea de meritocracia, si no se produce el ascenso social, se interpreta como una señal de decadencia. De la eterna promesa de ascenso han pasado a la amenaza de exclusión. Como votantes, han evolucionado de la prudencia a la radicalidad no democrática.
Josep Burgaya
Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.
Blog: jburgaya.es
Twitter: @JosepBurgayaR