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Ayuso y el golpe de efecto


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Isabel Díaz Ayuso parece encontrarse en esa fase de convencimiento que va más allá de las medidas y magnitudes de la física. En la hora de sometimiento en formato de entrevista esta semana en la televisión autonómica de la Comunidad de Madrid, coronó su intervención a preguntas del presentador Antonio Naranjo con una ambigüedad de perceptible cálculo sobre su futuro en el Partido Popular en el puesto del pescante con las riendas de la organización en sus manos. Y en ese papel de autora del primer y último puñetazo se está manejando en la Conferencia de Presidentes, en el palacio de Pedralbes de la capital catalana.

Ayuso se halla a niveles oratorios y de construcción de discurso a una muy lejana distancia de sus predecesores en cargos y niveles de representación en su propia formación. Aznar cruzó el desierto histórico de las siglas AP al del PP y logró tumbar electoralmente a Felipe González, quien no guarda rencor al político conservador pero singularmente sí lo hace con el actual presidente Sánchez. Rajoy habitó la Moncloa en representación del PP en un discutible período histórico con el advenimiento de las corrientes de renovación política del 15 M, donde consagró un estilo de habilidades dialécticas muy celebradas incluso por sus adversarios, Alfredo Pérez Rubalcaba sin ir más lejos. En planos administrativos de menos dimensión, Alberto Ruiz Gallardón y Esperanza Aguirre acreditaron conocimientos y saberes de gobierno de probada competencia. Pablo Casado, en su breve paso por la responsabilidad política, exhibió alguna cintura cuando hubo de medir sus competencias en campañas electorales y prestó su imagen de conciliación incluso con Pablo Iglesias ante fotógrafos y cámaras de televisión. Todos ellos han presumido de su condición de liderazgo en la formación de su militancia en proporción más o menos intensa.

Pero esta actividad, en el caso de Ayuso, se ha convertido en una jactancia de cada vez más difícil digestión. Desde la aparición en una ventanita con escasa luz en el edificio de la calle Génova, el 26 de mayo de 2019, cuando se intuía que Ciudadanos le iba a conceder la llave de la Real Casa de Correos, hasta el momento presente, Ayuso ha ido despejando los escenarios electorales con los mismos ademanes caudillistas que nadie en su cercanía imaginase en sus inicios públicos, de talante modoso y practicante de la timidez en pensamiento y obra. La Conferencia de Presidentes, órgano de poca historia que hace las veces de instrumento de encuentro y cooperación entre el Estado y las comunidades autónomas, con la presencia del Jefe del Estado y el presidente de gobierno y algún ministro concernido por lo tratado, ha sido la elegida por la presidenta Ayuso ente la veintena de personas con cargo y representación para hacer exportar al mundo un ejercicio de magia “mileinista” e ilusionismo “trumpista”, aún no se sabe si inspirado por la factoría de su orientador Miguel Ángel Rodríguez.

El mutis cuando se hablaba en euskera o catalán suena más anacrónico que el estadio Sánchez Pizjuán, al grito de “España, España” cuando Iríbar encajaba un gol. El desafío a la ministra de Sanidad quedaría mucho mejor cuando se despejen definitivamente los juzgados tanto de materias penales como fiscales con el apellido Ayuso y derivados en los legajos y pedéefes llenos de autos, recursos y providencias. Estos golpes de efecto pueden ser interpretados como ejercicios de espectáculo dirigidos perfectamente a la atención de Alberto Feijóo, ausente en Pedralbes por estricto protocolo, en lo que se denomina “marcar territorio”. Las autoridades comunitarias europea se piensan la homologación de las lenguas históricas con el PP en el papel de nutriente de la incertidumbre para producir daños a la entente Puigdemont. Pues Ayuso recurre la percusión más ruidosa para que se entere el inquilino gallego de Génova, 13.

La presencia del jefe del Estado podría aconsejar la limitación de los choques personales? Pues Ayuso no lo entiende así y exhibe el filo del arma blanca frente a la ministra de Sanidad. Ahora la Conferencia de Presidentes, quizá en un mes el Congreso del Partido Popular sea una nueva oportunidad de hacerse notar. Todo ello a pesar de la torpeza que una vez más se encargo de demostrar en la entrevista de mención en Telemadrid: la negación de la concurrencia de la frase subordinada. La presidenta sencillamente no sabe hablar en público. Ayuso es incapaz de la construcción de la subordinación gramatical. Todos los caminos conducen a la comparativa de España con la Venezuela de Maduro. Alguna vez conviene dejar de hablar de si misma. La sagacidad de Patricia Highsmith, en sus “Diarios y cuadernos” (Anagrama) así lo aconseja: “el Yo es esa lupa tímida, vanagloriosa, egocéntrica, consciente, que no habría que mirar nunca”.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.


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