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Feijóo y Noelia, entre el “pisa fuerte” y la barrera de Las Ventas


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Entre dos personas públicas se ha dado la vuelta a una realidad agobiante que era la que abominaba mediáticamente de todo aquello que tenía que ver con el presidente Sánchez y su entorno, es decir, su familia, sus ministros, sus amigos, sus aliados, su pasado, su feraz presente y quizá su destino futuro, precisamente aquel que más miedo despertaba porque, de ser cierto lo previsto, ya convertido en más que un riesgo, el totalitarismo ataviado con sus vestimentas políticas, pervertiría hasta la desaparición el concepto mismo de democracia y el juego entre diferentes por la configuración del porvenir.

Óscar Puente, un vallisoletano “que no tiene pinta”, como decía Antonio Fontán cuando presentaba a Miguel Ángel Cortés, paisano de Pucela y consciencia cultural de los gobiernos de José María Aznar. Y Noelia Núñez, la gran esperanza rubia de la cantera del PP hasta hace una semana, cuya carrera ha sido interrumpida precisamente por la capacidad de hurgar de Puente. Puente parece haber llegado a las cotas de animadversión que en su día ostentó Alfonso Guerra entre las diversas opciones de la derecha de los años ochenta y noventa del siglo pasado. El de Valladolid acumula un odio africano entre sus detractores no ya por los retrasos del AVE en medio del erial de la meseta, sino porque huele la sangría de los huecos y vacíos morales de, en este caso, el PP, vehículo junto a Vox de las ansias de tocar poder ejecutivo.

Con la sola aplicación de la lógica, para ser exactos y en palabras de Pío Baroja, en “El árbol de la ciencia”, con “la lógica rectilínea del hombre joven”, se ha descubierto que había fallas tectónicas en el prontuario académico del brote rubio de Fuenlabrada. Se empezaba algo pero quedaba la duda de su conclusión. Se iniciaba otra para dejar una interrogación sobre sus fines y aprovechamientos. Y Puente abandonó unos minutos las catenarias para disparar los dedos a las teclas. En ese momento, la diputada Núñez volvía a excretar contra aquellos representantes que pontifican desde su licenciatura de derecho, pese a que ella salía todas las mañanas vestida de ciencias jurídicas.

La conmoción rubia había comenzado su primera fase en la seguridad que iba a ver más movimiento en la superficie del curriculum vitae. En esas se estaba cuando las embestidas de unos y otros aconsejaron una desoxigenación de las expectativas rubias en beneficio de otra más normalitas. Y ahí nació la decisión de la dimisión. Pues, precisamente en los riñones institucionales de Puente y Noelia descansa la renovación de la fe en la cosa pública. En el primero la contumacia en la persecución de la falsedad, del dislate. En la segunda, la digestión de la farsa, si bien con anotación del empuje del vallisoletano hasta que el movimiento solo podía ser uno, la dimisión por falta a la verdad.

No podía más la joven diputada que el ejercicio da la entrega de la cuchara. Si bien con alguna dignidad de poca presentación al meter en la ecuación el concepto de error cuando el designio primero era el engaño como añadido de vicio y nunca virtud. Andrés, otro personaje de “El árbol de la ciencia”, de Baroja, ahonda en que “el fanatismo de la honra es de los más fuertes”. Esta actitud divisoria de Noelia Núñez cuando su propósito ha sido advertido ilumina todos los CV de la faramalla de cargos y candidatos en elecciones generales, autonómicas y municipales, donde los máster crecen y habitan entre nosotros.

Muchas personas y categorías ganan con el desenlace de este asunto. Y dos pierden de manera irremediable: en lo corporativo la Universidad Francisco Marroquín, con sede en Madrid y Guatemala. Y en lo personal, el presidente del PP, Núñez Feijóo, con sus remordimientos en fase creciente –“pisa fuerte, habla claro, desde Fuenlabrada…”. Y la plaza de toros de Las Ventas, 22 de mayo de 2025, duodécima del abono de San Isidro, toros de Alcurrucén y un sobrero de Zacarías Moreno, para Sebastián Castella, Miguel Ángel Perera y Daniel Luque, nada sobresalientes en el festejo salvo los 22964 espectadores, salvedad hecha de la presencia del líder de la oposición, Feijóo, en una barrera del tendido 9, en a compañía estelar de Noelia Núñez, escoltada por Alfonso Serrano, bajo la atenta mirada de Pedro Gutiérrez Moya “Niño de la Capea”, Gonzalo Caballero, toreros de profesión, con la mirada en escorzo desde el callejón de José Ortega Cano, todos los espadas con la verdad por delante, santo y seña de su ocupación. Noelia no podía representar esa misma verdad.

 

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.


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