Morante de la Puebla o el activismo del genio de la torería
- Escrito por Antonio Campuzano
- Publicado en Opinión
La singularidad de la plaza de toros de Las Ventas halla en este momento el envoltorio de un laboratorio de interpretación de sensibilidades políticas, si acaso con algún barniz de entendimiento y afición por la tauromaquia, tan apegada al pueblo español, “devota de Frascuelo y de María” un alma durante mucho tiempo metida en un capote de paseo. El día 12 de octubre, festividad del Pilar, lo es también de la Hispanidad, el caldo de cultivo más apropiado para la exaltación controvertida de la actuación de España en el siglo XVI en América a manos aquí y ahora de la presidenta de la Comunidad de Madrid.
Las celebraciones previas a la fecha, por demás coincidente con el desfile de las Fuerzas Armadas, muestran un creciente apego y cuidado de la presidenta de la Comunidad a título individual de la población latina o iberoamericana. La causa puede estar en el afecto, pero ensanchado lo cual hacia lo electoral, al decir de una inclinación del voto procedente de la inmigración americana hacia las posiciones que lidera la mandataria Ayuso. Bien, pero la cuestión taurina adopta una posición no menos definida de aprovechamiento de la fiesta de los toros, aunque existe un añadido que excede con clamor la devaluación de los valores democráticos.
La afición de las Ventas, por lo general, asiste con emoción a una revitalización del espectáculo porque “está creciendo la asistencia de los jóvenes”, lo que se presenta como una decisión política de animadversión de la izquierda gobernante con voluntad de supresión de los toros como manifestación de fiesta, de ocio, de arte, esta concesión ya mucho más discutible para el entendimiento de la opción de izquierda en general presentada. El inicio de una corrida de mucha expectación suele ser adornada en la cercanía física de la plaza con presencia de gentes a favor y en contra de los toros reglados y festejados. El domingo los detractores hablaban y coreaban sus cánticos acerca de la tortura animal y la perversidad de los humanos por consentir aquella práctica de los toros corridos.
La oposición callejera en seguida se amontonó en torno a un puesto con las siglas azules del Partido Popular y en seguida abandonó la referencia al género animal para la entonación preferida de este verano, “Pedro Sánchez, hijo de puta”. La intervención policial acalló las protestas “ad hominem”. La puntualidad de la corrida es una cuestión ajena a la confrontación, con una despedida anticipada públicamente y otra gestada en la meninge exclusiva del protagonista de la tarde, y pasado un minuto de su comienzo sonó el himno nacional con todos los pronunciamientos de que es capaz la potencia megafónica del recinto con la costumbre seguidista del chauvinismo de todo el mundo en pie, salvo algún impedido por la poca diestra movilidad y alguna simulación de la misma para evitar su cuota de patriotismo. Al entusiasmo por la alegría por la patria se suman varios voluntarios que empujan el final de los acordes de la oficialidad para prorrumpir a grito de náufrago varios “viva España” como si efectivamente la muerte no fuera el final.
La respuesta de los allí congregados al deseo de supervivencia de la nación española, o por ánimo volitivo o por el seguidismo de “donde va Vicente, va la gente”, resuena con no menos potencia en el recinto circular de la plaza de las Ventas. Y con una cadencia de no más de diez minutos a lo largo de la corrida, esté el torero o no en el ejercido de su profesión, vuelve el “viva España” y su corolario hasta, esto ya es más reciente, la manifestación de un tímido “ya está bien, vale ya”. Pero hasta el desarrollo más pragmático de esta protesta por el abuso del deseo de supervivencia de un país del que se supone precisamente eso, lo cierto es que la plaza es más un hervidero de nacionalismo ventilado y de charanga que un espacio donde se adivine arte en la contienda con su reglamento entre toro y toreros, unos montados otros a pie llano.
Y llegado es el momento de los nombres y de los apellidos. Morante de la Puebla, con cuarenta y seis cumpleaños a sus espaldas, José Antonio de nombre de pila, es un excelso intérprete de la tauromaquia presente, con veintiocho años de alternativa, y dueño de un modo de activar las emociones del aficionado que no tiene apenas rivalidad por su magisterio, que ha ido calando a lo largo de su trayectoria hasta la conquista incondicional de los pocos detractores que existían hasta hace muy poco. El localismo sevillano de su origen le hacía muy difícil lograr la convicción sobre su liderazgo en la plaza de las Ventas hasta este mayo-junio de las fiestas de San Isidro, con su ciclo de corridas considerado inmune en su superioridad a otros abonos y ferias. Este Doce de Octubre, con todas las banderas de lo hispano hablante de cuantas barandillas y pérgolas existen en la plaza, Morante toreó dos toros, los correspondientes a su lote.
El primero, brindado a la presidenta Isabel Díaz Ayuso, en distinción a su presencia se entiende que institucional, pero no en el palco, sino en el callejón, el anillo siguiente al ruedo, requirió de unas breves palabras del espada, ampliadas por los micrófonos de Telemadrid, la cadena autonómica: “Va por usted y por todo lo que defiende. Es usted una valiente”. El acierto deseado por la afición resultó imposible dadas las condiciones del ejemplar del hierro de Garcigrande. Morante tenía una oportunidad final, que esta vez no desaprovechó. Incluso el momento del brindis aporta una hermenéutica especial. En un burladero del callejón del tendido ocho se hallaba Santiago Abascal, prominente dirigente de Vox, a quien fue dirigida la montera del brindis no sin producirse un estrecho abrazo entre ambos con la dificultad añadida de la distancia del callejón, de por sí amplio. “Por lo que haces por nosotros. Viva España”, fue la sentencia elegida por el maestro de La Puebla.
El apego legítimo de Morante por la fuerza política del monosílabo parece renovado con este brindis. Y ahí llegó el triunfo con este otro animal de las dehesas salmantinas de Garcigrande. Antes había sucedido el dramatismo de la voltereta en el capote, luego llegó la sanación, el brindis y el colofón de las dos orejas. Morante, de nuevo a hombros en Madrid. Y la idea del hotel, rumiada toda la tarde, se hizo realidad: el torero, por la razón íntima que sea, se dirigió a la boca de riego y se cortó la coleta, que no es cortar sino desanudar una castañeta adherida al pelo, símbolo de la interrupción en principio para siempre de la vida en los ruedos.
El parlamento elegido por José Antonio para las distintas ocasiones no es menos analizable. A Ayuso se le trata de usted y “va por usted por todo lo que defiende”, no se sabe si por todo aquello relacionado con los toros, que al tratarse de Madrid va de suyo y tiene una inercia de primera plaza del mundo desde tiempo inmemorial, o ambivalentemente, “todo lo que defiende” es la libertad de la caña, la oposición al presidente de Gobierno, o la inocencia de su novio. El caso del brindis de Abascal ofrece una cercanía, le trata de tú, “por lo que haces por nosotros”, más en longitud de onda de los toreros y su ancestral profesión, tan ligada al riesgo y a España, aunque también pudiera tener vigencia un pensamiento hacia los progresos de previsión electoral de Vox. De ahí, la repetición del grito combativo.
Termina con “Viva España”, por si no lo hubiera oído antes el propio Abascal. Abascal, él lo sabe, está vinculado de por vida al último toro de Morante y a sus lágrimas saladas de la retirada con la coleta en la mano. Ayuso, en su propia casa, todavía sin distinguir una verónica de un farol, “toda vestida de blanco, la tiraron a un barranco”, en el duelo y quebranto de su pena y sus celos para haber sido preterida por el destino unido a Morante como torero genial el día de su adiós. Pero, pero, pero, la polarización ha llegado a toros con ánimo de quedarse. El brindis a Abascal fue comentado en voz alta en el tendido seis como un pecado a la impronta sacrosanta de la fiesta de los toros, un apoyo a la querencia política…..Y entonces en algunas localidades se oía con nitidez, “quién es ese? Será un socialista corrupto”; “quién protesta? Será un comunista criminal”. Así está el patio, no de cuadrillas, así está el patio nacional.
Antonio Campuzano
Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.