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La vida más allá de José Antonio Griñán


(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En una de las quinientas páginas de la canónica “Pastoral americana”, de Philip Roth, se habla de “la tragedia del hombre que no está hecho para la tragedia …. ésa es la tragedia del hombre”.

Aplíquese a José Antonio Griñán, ex presidente de la Junta de Andalucía y ex de tantas cosas, que ha sido condenado por el más alto tribunal por malversación de caudales de titularidad pública a la pena de seis años de privación de libertad, cuya carencia de ese preciado bien será sustituido por una estancia en la cárcel.

Al castigo de colosal calibre para un ser humano se le añade el plus de la estigmatización de la organización civil a la que él ha unido su vida, es decir, el Partido Socialista.

La objetividad planea sobre la superficie de la tierra política de las extensiones geográficas de Andalucía hasta culminar el cierre de toda la influencia del firmamento público español.

Un político con enormes responsabilidades en la paleta de la representación que ha permitido una pésima aplicación del derecho y de sus normativas, con desprecio de la dimensión jurídica, hasta la condena que le inhabilita para el ejercicio de sus derechos cívicos y le reduce en un recinto penitenciario porque no es merecedor de pisar la calle.

La consecuencia política es naturalmente invasiva desde muchos puntos de vista: devasta la etapa histórica en que ocupó cargos el condenado; defrauda las esperanzas de los defensores de su inocencia; contribuye con ello al fortalecimiento de la oposición; y consolida las opciones de los contrarios al despejar sus ambiciones.

Bien, todo ello ha sido ampliamente interpretado y aplaudido por detractores y adversarios de lo que Griñán representó siempre en el horizonte y escenario de las instituciones.

Después de todo ello, la lectura de los hechos a la que se adhiere la opinión pública y sus derivadas, sociedad civil, conjunto de ciudadanía, los grupos opinantes, conforma un engrudo de reticencia natural al ecosistema al que presta su nombre el condenado.

Pero esa formación de ideas, de realidades, revestido de anomalía y que concluye con el final en el relumbrón del sentenciado y sus referentes, no es el final decisivo, como dice de la muerte el himno de la Brigada Paracaidista, con inspiración en el cura Cesáreo Gabaráin.

Al decir de los decantadores del aprovechamiento político, el encarcelamiento de Griñán representaría el revelado de una época aciaga en el gobierno de Andalucía donde la dilapidación y el desgobierno serían moneda común, lo que colocaría a los andaluces que instituyeron y permitieron aquellos gobiernos en una situación de error histórico del que jamás podrían ser amnistiados.

Es más, ello permitiría silenciar cualquier opción de la izquierda para otras secuencias históricas por resultar ya suficientemente conocidas. Ese ejercicio de reduccionismo deviene en un extraordinario riesgo de extensión de la toxicidad potencial.

Se lo ha hecho Griñán, por qué no se ha de presumir de sus correligionarios. En ese espacio de adivinación reside uno de los grandes peligros del actual sistema de representación.

Aislar, el acto de estanqueidad política, el acontecimiento de la Junta de Andalucía, no es solo una necesidad del Partido Socialista, porque el espectáculo, con terminología escenográfica, tiene que continuar.

Porque el juego institucional está obligado también a la dinamización y digestión de tránsitos pesados. Rodrigo Rato, en ejercicio de gobierno de Mariano Rajoy, fue condenado por apropiación indebida.

Jaume Matas fue doblemente condenado. La duración de las ondas concéntricas mediáticas de la invasión del derecho penal en la superficie de las aguas políticas será medida con aparatos de reciente fabricación.

Está por ver y ser medido el impacto del acontecimiento más allá de la zona de influencia temporal de la sentencia del Tribunal Supremo.

La vida continúa, las elecciones también lo hacen. Griñán, entre tanto, después de firmar sus memorias impresas, se encuentra como Lionel Asbo, recreado por Martin Amis, en “El estado de Inglaterra”, (Anagrama, 2014), “aburrido hasta el dolor psíquico”.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.


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