Afganistán. “El Gran Juego”. XIII
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
Durante los mese siguientes, Iván Victorovitch Vitkevitch y Hussein Ali, atravesaron lentamente la estepa hasta Oremburgo, para luego recorrer Rusia y llegar a San Petersburgo. Llegaron a la capital en marzo de 1837. Hacía catorce años, que Vitkevitch había abandonado Europa, encadenado y como prisionero. Esta vez, cuando llegó a la ciudad, recibió las felicitaciones del zar Nicolás en persona, que lo ascendió al grado de teniente.
Las noticias sobre la misión de Mirza Hussein Ali, fueron recibidas con gran entusiasmo, por todos los oficiales implicados en el incipiente “Gran Juego”. Con los rusos como señores de Afganistán, los británicos estarían contra las cuerdas, luchando por mantener su posición en el Indo, y no tendrían ninguna posibilidad, de crear más problemas, en el área natural de influencia rusa en Asia Central. El gobernador de Oremburgo estaba de acuerdo. Escribió: “Es absolutamente necesario, apoyar al líder de Kabul (Dost Mohammad Khan). Si Shuja, la marioneta de los ingleses, se convirtiera en el gobernante de Afganistán, el país quedará bajo la influencia británica, y los británicos, a sólo un paso de Bujará”. A su llegada a San Petersburgo, la carta de Dost Mohammad, fue examinada con detenimiento, y esta resultó cumplir, con todas las expectativas que había generado. Dost Mohammad aseguraba que los británicos, estaban a punto de conquistar toda la India, y que él era el único, capaz de de detener su avance, sin embargo, sólo podría conseguirlo, si los rusos le suministraban armas y dinero, del mismo modo que hacían con los persas.
El 14 de de mayo de 1837, Vitkevitch recibió una serie de instrucciones escritas, sobre como establecer las relaciones comerciales con Dost Mohammad. También, según una fuente, recibió un conjunto de instrucciones secretas, en función de las cuales, debía comprar el pleno apoyo de Dost Mohammad, con una ayuda financiera de dos millones de rublos, para ser usados contra los sijs de Ranjit Singh, y la promesa de suministros militares, para que los afganos pudieran conquistar Peshawar, su capital de invierno, que habían perdido, tras la fallida expedición de Shah Shuja en 1834. En función de dicho plan, Iván Victorovitch Vitkevitch había de atravesar el Cáucaso, en compañía del capitán Ivan Blaramberg. Tras una parada en Tiflis, se disfrazaron y prosiguieron hacia Teherán. Las notas tomadas por Vitkevitch, durante su viaje hacia el sur, fueron quemadas justo antes de su misteriosa muerte, pero las memorias del capitán Blaramberg sobrevivieron.
El carácter inestable de Iván Victorovitch Vitkevitch, se ensombreció al cruzar la frontera persa. Y sólo revivió, cuando el grupo alcanzó Teherán. Con el fin de salvaguardar la misión, la embajada rusa, asigno a Vitkevitch una escolta cosaca, que debía protegerle en su viaje a Nishapur, y al campamento del Sha en Herat. Fue precisamente esta escolta, la que alertó finalmente a la inteligencia británica – encarnada por Henry Rawlinson, del que ya hemos hablado – sobre la existencia de la misión de Vitkevitch. Igualmente la embajada, le informó de que no estaría sólo en Kabul, ya que su homólogo británico, Alexander Burnes, se encaminaba, en su segunda misión en Asia Central, en la misma dirección. Al igual que Vitkevitch, su principal cometido, era ganarse a Dost Mohammad. El hombre al que Vitkevitch había seguido de cerca y que, en cierta medida, había sido su modelo, se dirigía al mismo destino que él, y a cumplir con la misma tarea, que a él también le había sido encomendada.
De hecho, los dos hombres tenían mucho en común. Eran casi de la misma edad; ambos procedían de provincias lejanas dentro de sus respectivos imperios; y ninguno tenía grande conexiones con la élite gobernante; además, tras haber llegado a Asia con unos pocos meses de diferencia, el uno del otro, los dos habían hecho carrera por méritos propios y gracias a su atrevimiento y, en especial, a su don de lenguas. Ahora los dos se encontrarían, cara a cara, en la corte de Kabul, y el resultado de la contienda determinaría, en gran medida, el futuro inmediato no sólo de Afganistán, sino también de Asia Central. El Gran Juego había comenzado.
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.