Baruch Spinoza. Uriel da Costa. I
- Escrito por Emilio Alonso Sarmiento
- Publicado en Historalia
En 1640, Uriel (o Gabriel) da Costa, miembro de una familia eminente y respetable, de la comunidad judía, se mató de un tiro en la cabeza. Los da Costa eran negociantes y antiguos “marranos” de Portugal. Con excepción de Uriel, personaje inestable y, que parece haber sido, en parte, responsable del retorno de la familia al judaísmo, los da Costa se instalaron cómodamente, en una existencia judía ortodoxa, en su nuevo país y, adquirieron muy pronto, una reputación de integridad en su congregación.
Parece que existió un vínculo, entre la familia de Uriel da Costa y, la de la madre de Spinoza, Hanna, relación que se remontaba, al tiempo de su vida en el norte de Portugal. Sea como fuere, no existe duda alguna, que el propio Spinoza, como todos los miembros de la comunidad de su época, conocía las ideas heréticas de da Costa, sobre las cuales meditó con mucha atención. Uriel da Costa nació en 1585, en el seno de una familia aristocrática de Porto. Su padre, Bento da Costa, era, según el propio Uriel, “auténticamente cristiano”, pero parece que su madre, Branca, hubiese sido judaizante.
Uriel recibió una educación cristiana clásica y. estudió finalmente, derecho canónigo en la universidad de Coimbra, para servir después, como tesorero de una iglesia. Llevaba, según todas las apariencias, una vida perfectamente piadosa, temiendo la condenación eterna y confesándose regularmente. Pero conservaba algunas dudas, según escribió en su biografía: “Puesto que podía difícilmente, abandonar una religión, a la cual me había habituado desde la cuna y. que, gracias a la fe, había fijado en mí, profundamente sus raíces, expreso (a los 22 años) estas dudas: ¿lo que se decía de la otra vida, podía tener alguna verdad, la fe puesta en tales afirmaciones, se correspondía con la razón? Pues la razón en persona me repetía muchas cosas y, sin cesar me deslizaba en la oreja, cosas totalmente contrarias”.
Habiendo expresado, al menos para sí mismo, sus dudas concernientes a la compatibilidad de la fe cristiana y la razón humana, Uriel encontró la tranquilidad, tal cual afirma y, prosiguió su vida eclesiástica. Pero muy pronto comenzó a leer la Torah y los profetas, para averiguar lo que el judaísmo, podía aportarle. Adquirió la convicción, según el mismo dice, de que la Ley de Moisés, había sido revelada por el propio Dios y, por lo tanto, decidió seguirla. Por supuesto, vivir a plena luz o. incluso, en secreto, como un judío, era algo no permitido en Portugal. Así que dimitió de su cargo, abandono la casa que su padre había edificado, en el barrio acomodado de la ciudad y, abandonó el país con su madre y sus dos hermanos. Se dirigieron al norte y se instalaron, en 1612, en Ámsterdam, donde encontraron judíos, viviendo como tales, sin temor alguno.
A todo esto, sucedió rápidamente la decepción. Uriel afirma haber buscado la religión de la Biblia, una religión sin mezcla con la Ley de Moisés y, no cualquier religión modificada por los rabinos y, compuesta de reglas superfluas y sin significación alguna. Había constatado, dice, por experiencia propia, el absoluto desacuerdo que existía, entre las costumbres de los judíos y, los mandamientos prescritos por Moisés. Había, por una parte, lo que él llama la observación de “la ley absolutamente” y, por otra “las invenciones, totalmente extrajeras a la ley”, de los judíos pretendidamente sabios.
Cuales quiera hubieran sido sus expectativas reales, Uriel quedó aterrorizado, por el judaísmo que descubrió en Ámsterdam. A sus ojos, no se trataba más que de una secta, conducida por modernos fariseos. Uriel se fue a Hamburgo y, publicó allí, en 1616, sus “Propostas contra a tradiçao”, una serie de diez tesis, que atacaban, entre otros objetivos, la validez de la Ley oral (es decir, del Talmud) y, demostraban “la vanidad y nulidad de las tradiciones y las ordenanzas de los Fariseos”. “Es imposible que exista una Torah oral… eso haría la palabra del hombre igual a la de Dios, lo mismo que decir que estamos obligados a respetar todas las leyes del Talmud, tal como debemos respetar la Torah de Moisés”.
Pues eso.
(Continuará.)
Emilio Alonso Sarmiento
Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.