Desde plataformas mediáticas conservadoras, se han ido publicando análisis económicos que destacan una situación calamitosa de la evolución económica de España, con un vector clave de divulgación: la mala actuación del gobierno de coalición en política económica, reflejado en las negativas cifras de la evolución del PIB per cápita. Estos apuntes, que aguantan poco el espejo implacable de los datos, han sido recogidos por los voceros de la oposición política, por boca del líder de la derecha conservadora, Alberto Núñez-Feijóo. Se habla, entonces, de que 2025 cierra el “peor año de la democracia” (sic), con frases incendiarias que hablan del “colapso del sanchismo” (sic), de su año final. Una hiperventilación exacerbada, sin que se aporte dato alguno. De nuevo, cabalgan para las derechas los jinetes del Apocalipsis, abocados a destruir todo lo que se les cruza, espoleados por una retórica tremendista que vomita de manera reiterada todo tipo de mensajes fatalistas, corrosivos, de un pretendido final de ciclo que dará paso, ahora sí, al nirvana de la gran recuperación de la mano de unas formaciones ultraconservadoras cuya política económica propositiva es, lo afirmamos sin tapujos, meridianamente desconocida. Un erial. Estamos, una vez más, ante una cuestión de fe. Podemos intuir, sin embargo, por dónde irían los caminos de una alianza de las derechas para gobernar España, si oteamos lo que están desplegando en las comunidades autónomas donde ya tienen responsabilidades de gestión: reducción de impuestos a las rentas altas y procesos graduales de privatización de servicios públicos estratégicos, como la sanidad y la educación. Ese es el frontispicio, en el que, además, se habla de una excesiva presión fiscal en España, y ello se vincula a una mala gestión de la economía pública. Otra afirmación que no se sustenta con la realidad.