EDICIÓN EN DÍAS LABORABLES:    ESP    |   EUR    |   AME   |   CAT
⮕ APÓYANOS

La corrosión de la desigualdad


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

Nunca la capacidad productiva de la humanidad había llegado a la que ahora poseemos. El viejo mito de conseguir la suficiencia productiva y acabar con la escasez hace ya hace unas décadas que se logró. El maquinismo, el desarrollo tecnológico avanzando en proporciones geométricas, nos ha dado la posibilidad de sostener dentro de los límites de la dignidad a la totalidad de una población que se ha multiplicado por diez en los dos últimos siglos. Sin embargo, la teoría económica, las estructuras sociales, el pensamiento político y los valores morales sólo se han desarrollado en proporciones aritméticas. Nunca ha habido en la historia de la humanidad tanta gente pobre y socialmente excluida. Dos miles de millones de personas sobreviven por debajo de los límites de la pobreza, y el hambre sigue siendo la principal causa de mortalidad del planeta. En nuestro mundo, como nunca en la historia, conviven en un contraste brutal niveles de riqueza sin parangón, con digna miseria de otros siglos, o aún peor. La falta de equidad, la desigualdad extrema y creciente es el concepto que mejor define en los últimos cuarenta años, en una progresión que no parece tener límites, como tampoco parece tenerles la capacidad de aceptación cultural que se ha ido generando al respecto, como si la injusticia social fuera algo consustancial a la condición humana. La pobreza ya no es algo vinculado al subdesarrollo de amplias capas del planeta, como quizás era el retrato de la era colonial y poscolonial, sino que es una condición que se da, aunque en proporciones variadas, en todas partes sea cual sea el nivel de desarrollo global del país o el papel desempeñado en la distribución global de la producción.

Pobreza extrema la encontramos en los desestructurados países africanos, con problemas de desnutrición y de supervivencia notorios, pero también, aunque tenga otras características, nos la tropezamos en cada esquina en la ciudad de Nueva York y en el distinguido barrio de Manhattan. Como las finanzas y el comercio, la pobreza y la exclusión social son un fenómeno global, generalizado, aunque tengan características distintas en el Tercer Mundo que, en el Primer Mundo, aunque en algunas zonas geográficas tome la forma de desnutrición y en otras en una obesidad que es síntoma de malnutrición. La paradoja es que los países más pobres son ahora los que concentran la industria, exceptuando el mantenimiento del concepto de pobreza más tradicional en algunas zonas de África. Desde que el mundo occidental apostó por la deslocalización industrial -también de los servicios- buscando condiciones de producción low-cost, industrialización y desarrollo económico y social han dejado de ir de la mano. El trabajo puede que siga siendo condición para el sostenimiento personal, pero no es ni en el primer mundo ni en el último, garantía de salida de la pobreza y de la precariedad. De hecho, la falta de trabajo y la pérdida de seguridades relacionadas con él es lo que pervierte a los demás tiempos relativamente igualitarias sociedades occidentales. El trabajo se ha convertido en un bien escaso y mal remunerado, y los niveles de renta medias han caído y siguen haciéndolo, generando una disparidad económica que está triturando la cohesión social y el consenso sobre el que se sostuvo el Estado de bienestar y el modelo social europeo.

A la generalización de la pobreza y la desigualdad, aunque con tintes diferenciados según la función geoestratégica de cada territorio, se ha convertido también en la homogeneización del comportamiento de las élites y la extrema concentración de riqueza en pocas manos tanto en los viejos países capitalistas, como en estados económicamente considerados emergentes, como también en aquellos y servicios. Quizás las formas externas de riqueza varíen entre viejos y nuevos ricos, quizás la ostentación o el grado de comportamientos filantrópicos sea diferente entre los muy ricos de Silicon Valley con los de Bangalore, pero el recurso a "planificaciones fiscales agresivas", a la falta de compasión, al desarraigo convertido en cuerpo de escándalo, es igual en todas partes y, de hecho, suelen vivir en las mismas capitales occidentales y en los mismos barrios residenciales. ¡En eso sí que se nota especialmente la globalización!

Los niveles exagerados de desigualdad corroen a la sociedad y dinamitan los puentes sobre los que se habían construido los consensos sociales e intergeneracionales. Parece como si la caída del muro de Berlín hubiera desatado al capitalismo, en el que las clases dominantes hubieran optado por dinamitar las concesiones que habían puesto límites a la desigualdad, desde los años treinta del siglo pasado en nombre de la estabilidad y la seguridad, siempre que los trabajadores poseían cierta capacidad de intimidación. Los desajustes económicos y financieros, así como los efectos sociales y la ligereza de la política, resultan bastante evidentes en las dos primeras décadas de ese milenio. Con la globalización, el desenpoderamiento del Estado y el predominio del individualismo más extremo y la codicia más voraz como valores supremos, hemos evolucionado hacia formas económicas y sociales que, además de ser profundamente injustas, nos llevan al colapso.

Josep Burgaya es doctor en Historia Contemporánea por la UAB y profesor titular de la Universidad de Vic (Uvic-UCC), donde es decano de la Facultad de Empresa y Comunicación. En este momento imparte docencia en el grado de Periodismo. Ha participado en numerosos congresos internacionales y habitualmente realiza estancias en universidades de América Latina. Articulista de prensa, participa en tertulias de radio y televisión, conferenciante y ensayista, sus últimos libros publicados han sido El Estado de bienestar y sus detractores. A propósito de los orígenes y el cruce del modelo social europeo en tiempos de crisis (Octaedro, 2013) y La Economía del Absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo (Deusto, 2015), galardonado este último con el Premio Joan Fuster de Ensayo. También ha publicado Adiós a la soberanía política. Los Tratados de nueva generación (TTP, TTIP, CETA, TISA...) y qué significan para nosotros (Ediciones Invisibles, 2017), y La política, malgrat tot. De consumidors a ciutadans (Eumo, 2019). Acaba de publicar, Populismo y relato independentista en Cataluña. ¿Un peronismo de clases medias? (El Viejo Topo, 2020). Colabora con Economistas Frente a la Crisis y con Federalistas de Izquierda.

Blog: jburgaya.es

Twitter: @JosepBurgayaR


EL TIEMPO

GUÍA TV

CARTELERA

CINE EN CASA

PASATIEMPOS

SORTEOS

Necesitamos tu apoyo económico para hacer
un periodismo fiable y con valores sociales

PERIODISMO DE DATOS

El periodismo independiente necesita el apoyo de sus lectores y lectoras para garantizar que los contenidos incómodos que no quieren que leas, sigan estando a tu alcance. Si compartes estas preocupaciones y si valoras la labor de un medio libre que se atreve a plantearlas, apóyanos ahora.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué es importante tu aportación?

Tu contribución nos permitirá seguir publicando información esencial e independiente que podrás disfrutar de forma gratuita sin muros de ningún tipo.


¿Si tengo algún problema en mi transacción?

Escribe a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.