Es indudable que la obra, La mujer en el pasado, en el presente y en el porvenir, de Auguste Bebel constituye un hito en la historia del feminismo socialista porque superó las reticencias que en el seno del socialismo se produjeron por parte de quienes no entendían la importancia de la emancipación de la mujer, y que la misma debía emprenderse también desde el propio campo. En este trabajo queremos reflejar algunas cuestiones que creemos fundamentales. Para ello hemos empleado la traducción que publicó de la obra, por entregas, El Socialista a partir del 1 de septiembre de 1923.
Bebel lo dejó claro nada más comenzar el libro: la mujer y el trabajador tenían en común que eran seres oprimidos desde tiempo inmemorial. Es verdad que esta opresión había adoptado formas distintas, pero había sido invariable en el tiempo. Una vez hecha esta afirmación contundente, el socialista alemán explicaba que era muy raro encontrar en la historia momentos en los que el obrero y la mujer hubieran tenido conciencia clara de su servidumbre, un aspecto que tiene que ver con la importancia de la conciencia de clase en el marxismo. Es más, Bebel consideraba que la mujer había sido tratada peor en la Historia porque el propio trabajador la había considerado como un ser inferior. Esa verdadera esclavitud, al durar tantas generaciones, se había convertido en una costumbre, en un hecho natural. La mujer se había habituado a considerar tan natural ese estado de inferioridad que costaba mucho trabajo persuadirla de la indignidad de su situación, y de que debía aspirar a ser en la sociedad un miembro con los mismos derechos que los que tenía el hombre, ser igual en todos los conceptos.
No podemos negar que estas primeras frases de la obra de Bebel tienen una importancia fundamental. En primer lugar, porque constata la situación de dominio que se ha ejercido sobre la mujer, como contra el trabajador, pero, sobre todo, que el propio trabajador por el hecho de ser hombre había venido ejerciendo secularmente esa dominación también, algo que no parecían entender algunos miembros del movimiento obrero. Por fin, Bebel hablaba de la necesidad de fomentar conciencia para que la mujer luchase por su emancipación, por la igualdad.
Como buen socialista, Bebel hablaba de una dependencia económica que el oprimido padecería respecto al opresor, y esto se daba también en el caso de la mujer. Y ahí comenzaba su análisis histórico.
Regresaremos a Bebel, sin lugar a dudas.