El entusiasmo
El hombre civilizado se distingue del salvaje, principalmente por la “prudencia” o, para emplear un término más amplio, por la “previsión”. Esta dispuesto a sufrir penas momentáneas, para obtener placeres futuros, incluso aunque estos sean muy lejanos. La verdadera “previsión” no sólo aparece, cuando el hombre obra sin que ningún impulso lo dirija, sino porque su razón le aconseja que en el porvenir, sacará más provecho así. Pero la civilización contrarresta el impulso, no sólo por la previsión, que sería un freno voluntario, sino también por la ley, la moral y la religión.
- Publicado en Tribuna Libre