La explosión del Ilopango (II)
Después de las erupciones volcánicas del siglo VI, cuando las eyecciones y los aerosoles de dióxido de azufre, alcanzaron la capa inferior de la estratosfera, el efecto fue devastador. Una neblina vaporosa bloqueó la luz del sol, impidiendo que penetrara su calor, mientra que, por la noche, los cielos se llenaron de oscilantes cortinas de luces multicolores, como un anochecer que se prolongara durante meses (el famoso cuadro “El grito”, de Edward Munch, muestra precisamente este tipo de cielo, consecuencia, en su caso, de la erupción del Krakatoa). Los científicos han bautizado ese fenómeno, con el nombre de “velo de polvo”.
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