Tras las recientes informaciones sobre decenas de exjugadores de fútbol australiano diagnosticados con encefalopatía traumática crónica y la muerte del futbolista Nathan Fitzgerald, de 27 años, a causa de una lesión cerebral sufrida en el campo, muchos padres se preguntan si deberían dejar que sus hijos jueguen al fútbol australiano.
Como padre de dos niños pequeños, me he hecho la misma pregunta. Como epidemiólogo que investiga las conmociones cerebrales en menores, dejo que los datos y el principio de precaución guíen mis decisiones. Así es como lo planteo.
En primer lugar, los beneficios
Los beneficios de practicar deporte y realizar actividad física son innegables.
Existen beneficios físicos:
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mejora de la capacidad cardiovascular, que reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer
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fortalecimiento del sistema musculoesquelético, que reduce el riesgo de osteoporosis
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mejora de las habilidades motoras, que reduce el riesgo de caídas.
También hay beneficios mentales, como una mejora del estado de ánimo, la capacidad cognitiva y la resiliencia.
Además, existen beneficios sociales, como una mejor comunicación, cooperación y capacidad para trabajar en equipo.
El reto para los padres consiste en tomar decisiones que maximicen estos beneficios y minimicen los daños.
Las muertes son poco frecuentes, pero acaparan titulares
Evaluar los riesgos entraña muchas dificultades. Las noticias sobre lesiones deportivas mortales captan nuestra atención, pero también pueden llevarnos a pensar, equivocadamente, que estos trágicos sucesos son más frecuentes de lo que realmente son.
En Australia se producen alrededor de 60 muertes relacionadas con el deporte cada año. Aproximadamente un tercio corresponde a niños y jóvenes.
Los deportes de motor sobre ruedas (motociclismo y conducción de vehículos todoterreno) y los deportes sobre ruedas sin motor (ciclismo y monopatín) representan el 43 % de estas muertes.
El fútbol australiano y el rugby representan menos del 1 % cada uno.
En comparación, cada año se producen en Australia unas 300 muertes por ahogamiento y 1.200 muertes en accidentes de tráfico.
Sin embargo, las lesiones mortales son solo la punta del iceberg.
¿Qué deportes provocan más lesiones?
Las lesiones no mortales son mucho más frecuentes y, por tanto, contribuyen en mayor medida a la carga global de lesiones deportivas.
Los datos muestran que los deportes de motor sobre ruedas y los deportes sobre ruedas sin motor son las dos actividades que más hospitalizaciones por lesiones deportivas provocan entre los niños australianos.
El rugby y el fútbol australiano ocupan el quinto y el sexto puesto, respectivamente, con unas tasas de hospitalización por lesiones de alrededor de cuatro por cada 1.000 menores que practican estas disciplinas al año.
Las lesiones cerebrales son lo que más me preocupa
No todos los tipos de lesiones suscitan la misma preocupación. Hoy en día, los padres —yo incluido— estamos especialmente preocupados por las lesiones cerebrales y las conmociones cerebrales.
Últimamente hemos oído hablar mucho de las posibles consecuencias a largo plazo de las conmociones, como el aumento del riesgo de enfermedades neurodegenerativas.
Pero también hay que tener en cuenta otras posibles consecuencias a más corto plazo. En particular, los niños hospitalizados por una conmoción cerebral presentan un mayor riesgo de obtener malos resultados escolares.
En comparación con los niños que no han sufrido lesiones, los que han sido hospitalizados por una conmoción cerebral tienen aproximadamente entre un 30 % y un 40 % más de probabilidades de no alcanzar el nivel mínimo nacional en las pruebas NAPLAN de lectoescritura y cálculo entre los cursos 3.º y 9.º. También tienen alrededor de un 77 % más de probabilidades de no terminar el último curso de secundaria.
Un bajo rendimiento escolar puede perjudicar los resultados sociales a lo largo de toda la vida, por ejemplo, las posibilidades de ir a la universidad, las perspectivas profesionales y los ingresos.
Los datos muestran que los deportes de motor sobre ruedas, los deportes sobre ruedas sin motor y la equitación son las tres actividades deportivas que más hospitalizaciones por lesiones cerebrales provocan entre los niños australianos, con tasas de alrededor de entre una y dos por cada 1.000 menores participantes al año.
El rugby y el fútbol australiano ocupan el cuarto y el sexto puesto, respectivamente, con tasas de hospitalización por lesiones cerebrales de alrededor de 0,5 por cada 1.000 menores participantes al año.
Aunque estas tasas son relativamente bajas, por cada niño lesionado que ingresa en el hospital suele haber otros cinco o seis que acuden a urgencias sin llegar a ser hospitalizados.
Además, hay muchos más niños lesionados que reciben atención directamente de profesionales de atención primaria o de otras disciplinas sanitarias, o que no buscan atención médica alguna.
Los riesgos también cambian con la edad
Otro aspecto que los padres deben tener presente es que el riesgo de lesión puede cambiar entre la infancia y la adolescencia, y que esa variación depende mucho del deporte.
Las tasas de hospitalización por lesiones por cada menor participante en deportes de motor sobre ruedas y deportes sobre ruedas sin motor son considerablemente más bajas entre los jóvenes de 15 a 17 años que entre los niños más pequeños.
En cambio, las tasas de hospitalización por lesiones por participante en rugby y fútbol australiano son entre dos y tres veces más altas entre los jóvenes de 15 a 17 años que entre los niños más pequeños.
Al decidir si sus hijos deben practicar deporte, los padres deberían tener en cuenta tanto los riesgos actuales como los que podrían afrontar en el futuro.
Cómo decidir qué es lo mejor para tu familia
No te quedes solo con los titulares, pero opta por la prudencia.
La cuestión no es si los niños deberían practicar deporte, sino elegir disciplinas que maximicen los beneficios y minimicen los daños.
Al fin y al cabo, los niños solo quieren divertirse cuando practican deporte. Y normalmente se divierten más cuando no reciben golpes en la cabeza.![]()
Reidar P. Lystad, investigador de Epidemiología de las Lesiones, Universidad Macquarie
Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons.





