Talleyrand. Tal para cual. VI
En Inglaterra las cosas eran muy distintas a las de Francia, porque el Parlamento constituía un dique, capaz de contener la tendencia despótica secular de los soberanos. En Francia, en cambio, el único soberano era el pueblo. Un Ejecutivo sujeto a una Constitución, sería el órgano más adecuado, para representar la voluntad popular. Desde la Revolución, los sucesivos “parlamentos” (la Asamblea Nacional, la Constituyente, la Legislativa, la Convención) habían estado cambiando las leyes de un día para otro sin ningún tipo de coherencia. Al decir de Bonaparte, Francia resultaba ser en aquel momento “una nación sin leyes con trescientos borradores”. ¿Cómo era posible que en el país más grande y poblado de Europa (30 millones de habitantes) y, también el más ilustrado, tuvieran que intervenir las bayonetas día sí, día también? Solo un Ejecutivo fuerte podría acabar con tanto desbarajuste y colocar a Francia en el buen camino.
- Publicado en Historalia