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⮕ APÓYANOS

Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. VII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Con todo, no todo el mundo respaldó plenamente y de todo corazón a John Hanning Speke, si siquiera cuestionar sus aspiraciones. En una sociedad despiadada – la Inglaterra victoriana de clase más alta – en la que hombres y mujeres por igual, estaba prestos a creer que el prójimo no era sólo capaz de lo peor, sino que también estaba inclinado a lo peor y, en una sociedad en la que los cotilleos prevalecían a menudo sobre la verdad de los hechos, también Speke tuvo sus detractores. Richard F. Burton contaba con no pocos amigos, algunos muy poderosos y distinguidos, de modo que no le faltó respaldo; cuando no tuvo la ocasión de defenderse en público o de criticar a Speke ante los demás, otros amigos hablaron por él.

Bohr. Unidad del conocimiento. X

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

La segunda etapa de la producción literaria de Niels Bohr (redactamos la primera en el anterior escrito) por la que estoy muy interesado, es la época de la dualidad onda-corpúsculo, del famoso experimento de la doble rendija, del principio de indeterminación y, de la complementariedad. Es la etapa “heroica” de la mecánica cuántica, sin precedentes en la historia de la ciencia y, la primavera del Instituto de Copenhague: allí trabaron durante estos años y, en distintos momentos Born, Dirac, Heisenberg, Kramers, Pauli, Schrödinger, etc.

Monty. 1066 En Falaise. III

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El Mariscal Sir Bernard Law Montgomery, Vizconde del Alamein, disputó con personas con las que debía haber condescendido. Pública y descortésmente, despidió a gente que debieran haber sido consideradas como sagradas, dentro de la hermandad del ejército. Se jactó de sus condiciones de jefe. Todo eso, teniendo en cuenta la manera de ser y pensar tradicionales, era imperdonable. En el mismo país existía una innata desconfianza por parte de cierta gente, una intensa antipatía por quien, habiendo triunfado, no se tomaba la molestia de ocultar, que estaba encantado de ello. Algunos que conocieron a Montgomery (alias “Monty”) en sus primeros tiempos, recordaban que tenía la costumbre de decir: “Para triunfar en el Ejército se necesita ser algo grosero. Y yo lo soy un poco”.

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

J. Jolivet resume su postura ante el “atomismo”, del siguiente modo: “De estos elementos, los dos más pesados – la tierra y el agua – se colocaron en el centro y, los dos más ligeros – el aire y el fuego – encima. Tengamos presente, que es por su movimiento, que el aire y el fuego son ligeros y, es este mismo movimiento, el que ejerce presión, sobre el agua y sobre la tierra y, les confiere consistencia, al mismo tiempo que encuentra en ellos, su centro y su punto de apoyo”.

Bohr. Unidad del conocimiento. IX

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

1 La teoría atómica y la descripción de la Naturaleza.

De lo escrito en el artículo anterior, nació una de las polémicas intelectuales más bellas, que ha haya mantenido la humanidad y, que tuvo como contendientes principales, a Einstein de un lado y a Niels Bohr del otro. Su desacuerdo afectaba a asuntos de tanta transcendencia como la causalidad, el significado de la idea de la realidad física, la localidad y el carácter completo o incompleto de las descripciones cuánticas. El debate Einstein-Bohr sigue siendo hoy en día, más de sesenta años después de su inicio y, a pesar de la desaparición de sus principales protagonistas, un debate fructífero y de suma importancia, para todos aquellos que estén interesados en los fundamentos y en la filosofía de la física o mecánica cuántica.

Monty. 1066. En Falaise. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Pero lo cierto es que, se creyera o no en Montgomery, se le amara o se le odiase, se le tratara con respeto o con indiferencia, casi todo el mundo coincidía en una cosa: no había dos como él. Ni siquiera se parecía al retrato consagrado, de un general británico. La mayor parte de sus predecesores, desde Wellington, habían sido hombres corpulentos y arrogantes; Montgomery era pequeño y fibroso. No tenía el rostro de color encendido, ni la voz profunda, ni la cordialidad que ordinariamente va de la mano, con aquellos que han triunfado en el campo de batalla.

Talleyrand. De camino a Brumario. XI

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Tanto Talleyrand como Sièyes, estaban convencidos de que ellos habían sido los auténticos artífices, de lo ocurrido en Brumario y, que el primer cónsul se lo tendría en cuenta. No tardaron en descubrir que se habían equivocado. Incluso Mme de Staël dio su bendición al golpe: la supuesta ideología del Consulado, coincidía casi al pie de la letra con la suya. O, al menos, eso creía ella. Es más, lo había preconizado en un opúsculo, que no llegó a ver publicado nunca.

Bohr. Unidad del conocimiento. VIII

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El carisma de Niels Bohr, su capacidad para inspirar afecto y confianza y, la paradójica habilidad de persuasión, que manifestaba en las discusiones, dotaba al Instituto de un “estilo” especial, de un carácter que dejaba su impronta y, que se conoció como “Der Kopenhagener Geist”. Por allí pasaron, entre otros muchos Max Born, C. G. Darwin, P. A. M Dirac, P. Ehrenfest, J. Franck, G. Gamov, S. A. Goudsmit, W. Heisenberg, H. Heitler, E. P. Jordan, O. Klein, H. A. Kramers, L. D, Landau, A. Landé, Y. Nishina, W. Pauli, L. Rosenfeld, E. Schrödinger, J. C. Slater, G. E. Uhlembeck… etc. Una pléyade de científicos notables de muchos países diferentes, entre los que se encontraban todos los fundadores de la teoría o mecánica cuántica, amén de un buen número de premios Nobel.

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En este capítulo citaremos pocos nombres. Mas, de todos modos, dividiremos a quienes mostraron interés, por la teoría atómica durante este largo periodo, entre categorías: los cronistas, los simpatizantes y los partidarios.

Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg. IV

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

La función de onda no tiene realidad física, solo existe en el reino misterioso y fantasmal de lo posible. Tiene que ver con posibilidades abstractas, como todos los ángulos de desviación que puede asumir el electrón, tras la colisión con un átomo. Existe una diferencia abismal, entre lo posible y lo probable. Max Born afirmaba que el cuadrado de la función de onda, un número real, que no complejo, se mueve en el mundo de lo probable. El cuadrado de la función de onda, por ejemplo, no nos indica la posición real de un electrón, sino tan sólo la probabilidad de encontrarlo, en tal o cual región. Si, por ejemplo, el valor de la función de onda de un electrón en X, dobla al de su valor en Y, la probabilidad de encontrarlo en X, duplicará al de la probabilidad de encontrarlo en Y. Aunque lo más cierto, es que puede ser encontrado en X, en Y, o en cualquier otro sitio.

Talleyrand. De camino a Brumario. X

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Enardecido por la recepción del Consejo de Ancianos, el general, Napoleón, confiaba en dominar también, la fiebre republicana que agitaba a los Quinientos. Mas apenas hubo entrado en la sala, cuando la mayor agitación de se apoderó de los presentes. Todos los miembros, en pie, prorrumpieron en gritos por la profunda impresión que les causaba la aparición de las bayonetas y del general que entraba militarmente en el templo de la legislatura: “¡Violáis el santuario de las libertades, retiraos!” le gritaban muchos diputados. En vano Bonaparte, llegado a la tribuna, quiso balbucear alguna frase. De todas partes oía repetir los gritos de “¡Viva la Constitución!... ¡Viva la República!”. Desde todos los lados se le apostrofaba: “¡Abajo Cromwell! ¡Abajo el dictador! ¡Abajo el tirano! ¡Fuera de la ley el dictador!” le gritaban los diputados furiosos y alguno se lanzaban sobre él y lo rechazaban. “¿Tu vas a hacer la guerra a tu patria?”, le increpó Arena mostrándole la punta de su puñal. Los granaderos, viendo vacilar y palidecer a su general, atravesaron la sala para darle protección. Bonaparte, amparándose en su defensa, se marchó. Volvió a montar a caballo y se dirigió al galope al, puente de Saint Cloud gritando a sus soldados: “¡Me han querido matar!

Monty. 1066 En Falaise

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Mi padre guardaba toda una gran colección de revistas (¿se llamaban “Mundo”?) que trataban de la II Guerra Mundial. De jovencito ¿14 años? me las leí todas, y aún más, apoyándome en ellas y con la ayuda de una vieja máquina de escribir Olivetti, escribí, exclusivamente para mí, unas sucintas biografías de los generales ingleses Montgomery y Alexander, y del almirante Louis Mountbaten.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. VI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Burton hubo de sufrir también por entonces las acusaciones del capitán Rigby, en el sentido de que, a su regreso a Zanzíbar, había engañado a los porteadores. Speke, que en un principio estuvo a favor de Burton en esta cuestión, se desdijo y acuso a Burton de no haber pagado a los porteadores con arreglo a lo prometido. Burton, que jamás rehuyó una pelea cuerpo a cuerpo, entró a la capa de Rigby y, se armó una tremenda disputa.

Talleyrand. Del camino a Brumario. IX

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Como ya dijimos, el Consejo acordó trasladar ambas Cámaras a Saint-Cloud por motivos de seguridad y, nombrar a Napoleón Bonaparte jefe de la fuerza pública.

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En este capítulo citaremos pocos nombres. Mas, de todos modos, dividiremos a quienes mostraron interés, por la teoría atómica durante este largo periodo, entre categorías: los cronistas, los simpatizantes y los partidarios.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. V

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

No resulta fácil definir el ascendiente de Laurence Oliphant sobre John H. Speke. Su brillantez intelectual, aunque errática, es incontestable. Tenía en Inglaterra conexiones que iban mucho más allá de Speke. Siguió trabajándose a Speke, diciéndole que Burton se había aprovechado de sus esfuerzos y descubrimientos, y que era él, Speke, y no Burton, la auténtica alma, la fuerza motriz de la expedición. Le insistió en que no perdiese ni un minuto, en aclarar tales particulares ante el público en general. Además, Oliphant fomentó en Speke, la especie de que Burton ni siquiera era inglés, sino “europeo” de dudosa extracción (se llegó a decir que Speke sostuvo en publico que Burton era corso, en clara referencia al peor enemigo que había tenido Inglaterra, cuyo recuerdo aún estaba fresco (Napoleón Bonaparte) y que solo un inglés de pies a cabeza – léase, Speke – tenía derecho a atribuirse el descubrimiento del Nilo. Oliphant era un hombre persuasivo, calculador, capaz de manejar a Speke a su antojo.

Talleyrand. De camino a Brumario. VIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La empresa que se había propuesto Talleyrand de construir un triunvirato, no dejaba de ser peligrosa, porque las garras de los miembros del Directorio aún funcionaban. A demás, habían colocado como ministro de Policía a un hombre extremadamente peligroso: Joseph Fouché (1759-1820), oratoriano y profesor de matemáticas en su origen que, tras votar a favor de la muerte del rey, se había pasado al jacobinismo más radical. Como agente de la Convención y propagador fanático de su intento de descristianización, había decretado la muerte de casi 2.000 personas el Lyon en 1793, ganándose el nada honroso apodo de Mitrailleur de Lyon. Cierto que, con su falta de escrúpulos (es famosa la frase de Napoleón: “Si la traición tuviera un nombre, se llamaría Fouché”), se había apuntado, junto a muchos otros, al golpe de Termidor, pero su temperamento y habilidad como espía del poder (de cualquier poder) seguían incólumes. Se había puesto al servicio de Barras, si bien se decía que estaba empezando a virar hacia Napoleón, aunque los conspiradores no tenían ninguna seguridad, de que aquel feo diablo de lívida faz y ojos de pescado, no se hubiera olido algo de lo que se estaba cociendo y anduviera tras sus pasos, para hacer méritos ante el Gobierno, ciertamente tambaleante, pero aún en pie, del Directorio.

Mecánica cuántica. Schröndinger y Heisenberg. II

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

En lulio de 1925, Max Born se había dedicado a estudiar la obra de De Broglie. Y escribió a Einstein, que “la teoría ondulatoria de la materia puede ser de una importancia extraordinaria”. Su entusiasmo le había llevado, según contó a Einstein, a “especular un poco sobre las ondas de De Broglie”. Pero entonces fue cuando dejó de lado la ideas de De Broglie, para tratar de dar sentido, a la extraña regla de multiplicación, de la que hablaba un artículo, que le había entregado el mismo Werner Heisenberg. Ahora, casi un año más tarde, Born resolvió algunos de los problemas, encontrados por la mecánica ondulatoria, aunque a un precio muy superior, al exigido por Schrödinger, con su sacrificio de las partículas.

El átomo. El cristianismo primitivo medieval. VI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Antes de seguir adelante, recordemos que, en la física de Aristóteles, toda sustancia se compone de una “materia” y una “forma”, siendo la primera la extensión y la cantidad y, agrupando la segunda, el conjunto de las propiedades de este sustrato.

Bohr. Unidad del conocimiento. VII

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Es fácil demostrar que, al aplicar esas hipótesis (que describimos en el artículo anterior) al modelo atómico de Ernest Rutherford, es posible demostrar igualmente las leyes de Johann Jacob Balmer.

Talleyrand. De camino a Brumario. VII

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Las diferencias que separaban a Enmanuel Sièyes de Talleyrand, no impidieron que los dos conspiraran juntos, en busca de una alternativa al Directorio. Sièyes estaba en Berlín, pero conocía perfectamente la complicidad del abbé de Périgord con Bonaparte. Incluso parece que le dijo: “¡Necesitamos una espada!”. Tres de cada cuatro obreros de París no tenían trabajo. Se veía venir otro golpe de los realistas, y los neojacobinos se estaban preparando para un nuevo enfrentamiento. El prestigio de Barras se hallaba por los suelos: “Se estaba vendiendo a diario para pagarse sus placeres”, había dicho un primo suyo el marqués de Sade, a punto de ser encerrado en Charenton.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. IV

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Ahora bien, los paseos de Burton con su hermana, las charlas con el coronel Stisted, la vida de balneario, la visitas a Isabel en secreto, no bastaron para sanarlo. Es todo un misterio como consiguió Burton, en tan malas condiciones, escribir durante todo este periodo, pero lo cierto es que escribió, y muy bien. Es posible que la tarea de la escritura, fuese una cura para el dolor y la tristeza que le asediaban, no solo por culpa de los Arundell, sino también por culpa de Speke, que en aquel entonces andaba empeñado en hacer todo cuanto estuviese en su mano, por desacreditar y denigrar a su antiguo comandante. Estos ataques comenzaron, tan pronto arribo Speke a Inglaterra. Poco después, bajo la dirección de Laurence Oliphant, se convirtieron en un diluvio. Algunos otros, tanto amigos de Speke como enemigos de Burton, se unieron en una extensa campaña de vituperios. ¿Pero por qué no se limitó Speke, a dejar que su magnífica hazaña brillase por sí sola? Había descubierto el nacimiento del Nilo: habría bastado con anunciarlo. ¿Por qué pensó que debía destruir además a Burton?

El átomo. El cristianismo primitivo medieval. V

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Nos queda por ver un desacuerdo, a la vez muy particular y muy importante – para algunos el más importante – que separa a los cristianos de los atomistas. No referimos al problema de la Eucaristía. Podemos precisar de qué problema se trata citando, para empezar, lo que dice el Evangelio: “Mientras comían, Jesús cogió un trozo de pan y, después de dar las gracias, lo partió y se los dio, diciendo: ‘Tomad; este es mi cuerpo’. Cogiendo luego una copa y, después de darles las gracias se las dio y, todos bebieron de ella. Y les dijo. Y les dijo: ‘Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, que será derramada por muchos”. “Cogió luego un trozo de pan y, después de darles las gracias, lo partió y se los dio, diciendo: ‘Este es mi cuerpo, que os es dado a vosotros; haced esto en memoria mía’. Y tomó la copa después de la cena diciendo: ‘Esta copa es la nueva alianza en mi sangre, derramada por vosotros”.

Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Werner Heisenberg no pretendía esbozar una nueva imagen, sino que tan sólo trataba de recuperar la vieja. No había, para él, saltos cuánticos en el átomo, entre diferentes niveles de energía, sino transiciones continuas de una onda estacionaria a otra. Creía que la mecánica ondulatoria, permitía la recuperación de la imagen clásica “intuitiva”, de una física continua, causal y determinista. Pero Max Born se hallaba en profundo desacuerdo, con ese intento. “El logro de Schrödinger se reduce a algo estrictamente matemático – dijo, en este sentido a Einstein – su física es muy pobre”. A diferencia del intento de Schrödinger, de representar una imagen, de antigua inspiración newtoniana, Born utilizaba la mecánica ondulatoria, para esbozar la imagen surrealista, de una realidad discontinua, acausal y probabilística. Esas dos imágenes de la realidad, se apoyaban en dos interpretaciones diferentes, de la llamada función de onda, simbolizada, en la ecuación de onda de Schrödinger, por la letra griega psi (es decir Ψ).


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