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⮕ APÓYANOS

Emilio Alonso Sarmiento

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.

Los griegos. Heráclito. (XV)

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Hasta Friedrich Daniel Ernst Schleiermacher, autor de la primera edición crítica, de los fragmentos de Heráclito (1808), la hermenéutica no tomó plena relevancia filosófica, como “teoría general de la interpretación y la comprensión”. Ello, como intento de “reconstruir” la fuente del texto, de modo que permita al intérprete “fundirse” con el autor. No obstante Hans-Georg Gadamer, opina que esta versión “subjetivista” y “psicologista” de la hermeneútica, trata de alcanzar algo de antemano imposible: la “inmediación” en la lectura y comprensión de un texto, esto es, “reproducir” lo que fue la producción original de su autor, olvidando que: “La reconstrucción de las condiciones originales, igual que toda restauración, es, cara a la historicidad de nuestro ser, una empresa impotente “(Hans-Georg Gadamer: “Verdad y método”).

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. III

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Gracias a Guillermo de Ockam (el famoso autor de “la navaja de Ockam”) la causa del atomismo recibió un nuevo impulso. Ockam es conocido, sobre todo, en la historia de la filosofía, como el autor de un movimiento, conocido como “nominalismo”, según el cual, solamente son reales y cognoscibles, los objetos singulares y los individuos concretos. Los términos generales, con los que solemos designar, a los conjuntos de objetos o de individuos – los llamados “universales” – no tienen, por su parte, ninguna realidad.

Los griegos. Heráclito. (XIV)

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“Como decíamos ayer” Hans-Georg Gadamer, ha considerado, la clave de la hermeneútica: la “fusión de horizontes”. O si se prefiere, por utilizar la imagen heraclitea, de la tensa armonía del arco y la lira, trataremos de templar las cuerdas al máximo, para que nos permitan abarcar, tanto y al mismo tiempo, sin perder el hilo conductor. Toda la exposición va a ir trenzada, en un viaje permanente “de ida y vuelta”.

Talleyrand. La Venus suplicante. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La vida de Talleyrand es muy rica en acontecimientos que discurren paralelamente a diversos niveles, como los motivos de una fuga musical en la cual dos, tres, cuatro, a veces cinco voces se cruzan y entrecruzan una y otra vez, superponiéndose unas a otras con diferente intensidad y continuas variaciones. Uno de esos temas, sin embargo, merece una atención especial por la repercusión que tuvo en la vida íntima del mismo y, por la relación posterior con su patrón Bonaparte. Nos referimos a la irrupción, en su ya de por si complicada existencia, de una mujer que nada tenía que ver con las damas que ya anteriormente hemos mencionado. Sucedió poco antes del golpe de Brumario, cuando Charles-Maurice era todavía ministro de Asuntos Exteriores del Directorio.

Monty. 1066. En Falaise. IV

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En 1942 (el año en que nací yo) muy poca gente fuera del ejército, había oído hablar de Montgomery. Había transcurrido ya más de la mitad de su vida. De repente, a la avanzada edad de 54 años, ese extraño personaje, toma el mando de miles de hombres, aparentemente con la mayor tranquilidad y confianza. Se mueve entre reyes y jefes, con completa, e incluso agresiva, seguridad y, dirige batallas a una escala mundial, tal como si no hubiera hecho otra cosa en toda su vida. El militar desconocido, que había pasado cerca de medio siglo, dentro de los estrechos límites de un ejército regular, de la noche a la mañana se convierte en un inspirado adalid, en una palabra, familiar para millones de seres, en una personalidad cuya popularidad en tiempos de guerra, se aproxima a la de Churchill en Inglaterra y Roosevelt en América. Exteriormente, no hay errores ni resbalones. Avanza de triunfo en triunfo, condensando los acontecimientos de cinco vidas, en esos breves y trepidantes años, hasta que sus excentricidades, pasan a ser una parte de su leyenda y de su éxito.

¿Qué le sucedió a Montgomery en 1942 en El Alamein, en el momento culminante de su existencia, cuando se lanzó a la estratosfera? ¿Se trataba de un hombre que hasta que sonó el instante del peligro, había sido mantenido a parte, a causa de su idiosincrasia y de su vanidad? ¿Había en él alguna mística experiencia del desierto?

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Demos, en primer lugar, una breve mirada hacia atrás.

El pasado familiar presenta atractivas analogías y coincidencias, que pueden significar algo, o nada absolutamente. Por ejemplo, fue de Falaise, en Normandía, de donde partió Roger de Montgomery, para tomar parte en la invasión de Inglaterra en 1066. Era el segundo en el mando de Guillermo el Conquistador. Cerca de mil años más tarde, el mariscal Montgomery desembarcó en Normandía procedente de Inglaterra, y, libró su más encarnizada batalla en Falaise. En el mismo sitio donde tuvo lugar la contienda, existe un viejo hotel, que desciende de los viejos tiempos normandos: El Hotel Ouest et Montgomery.

Más sorprendente aún, es el caso del mariscal Erwin Rommel. Había una inmensa lucha personal entre Montgomery y el general alemán. Habiéndole perseguido a través de África, Montgomery luchó de nuevo con él en Normandía. Y, finalmente, esa prolongada rivalidad entre ambos, terminó cuando Rommel se desmoronó, a causa de una herida en la cabeza. Fue herido en un pueblo llamado Sainte Foy de Montgomery.

Realmente, Normandía parece haber sido, la cuna de la familia. Se ha dicho que el nombre arranca de Mons Comericus, cerca del río Dives (sin embargo, también hay otras opiniones). De todos modos, en el siglo XI, se encuentra a la familia Montgomery, establecida en el distrito con su propio castillo y 150 dependencias feudales. Algunos historiadores describen a los Montgomery, como “una de las más ilustres familias de Normandía”.

Roger era primo de Guillermo el Conquistador. Mandaba el flanco derecho en la Batalla de Hastings. Evidentemente, Roger combatió bien, pues a continuación le encontramos dueño de extensos territorios, en los aledaños de Gales y, nombrado conde de Shrewsbury. Probablemente ejerció su poder sobre la región de Gales, conocida ahora como Montgomery.

Roger tenía una familiar, mezcla de soldado y de clérigo. Tres días antes de morir, el viejo soldado ingresó en la orden de los Benedictinos. Los turistas del siglo XX, que visitan la abadía, llegan ante una lápida, en la que figura esculpido, un caballero con coraza, espada y escudo.

Pues eso.

Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg. VII

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Una semana antes de la Navidad de 1926, Schrödinger y su esposa, viajaron a los EE. UU, donde él había aceptado una invitación de la Universidad de Wisconsin, para dar una serie de conferencias, por las que recibiría la espléndida suma de 2.500 dólares. Luego cruzaron el país de un lado a otro, dando cerca de 50 conferencias. En la época en que regresó a Zúrich, en abril de 1927, Schrödinger había rechazado ofertas de trabajo, porque tenía el ojo puesto en un premio mayor, la cátedra de Max Planck de Berlín.

Los griegos. Heráclito. XIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Lo que realmente pretendemos, es fundamentar una vía hermenéutica audaz y, aún por explotar. El título: ”Heráclito: naturaleza y complejidad”, alude a dos cosas que, por lo pronto, se nos antojan bien distintas. Es sabido que “naturaleza” es un concepto central para los presocráticos; “complejidad” hace referencia, a temas que nos ocupan y preocupan en el presente. Pudiera entonces pensarse, quizá no sin razón, que se cae en la tentación de proponer, una de esas interpretaciones, que se dicen “actuales”, pero que, a fin de cuentas, no aportan nada realmente provechoso. Acaso no haya nada más alejado de nuestra intención. Tenemos que ver con Heráclito de principio a fin, con sus textos, con las interpretaciones clásicas de su filosofía y, con el brillante trabajo, que ha llevado a cabo la filología clásica, a partir del siglo XIX, especialmente en Alemania. Lo primero que llama la atención de los presocráticos, es la cantidad y diversidad de interpretaciones filosóficas, que se dan en su pensamiento. Y, ante todo, se trata de no hacer decir a los textos, “ni más ni menos de lo que dicen”.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. VIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Como adelantamos en el anterior artículo, Richard Monckton Milnes, fue uno de los primeros admiradores y más fervientes admiradores de las hermanas Brontë. Conmovido por la pobreza en que vivía Charlotte Brontë, consiguió que, sin que nadie lo notara, aumentar el estipendio anual que percibía su padre el reverendo Arthur Nicholls, de modo que pudiera así casarse con ella.

Los griegos. Heráclito. XII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Entendemos que esta relectura del pasado, de los últimos escritos, sin ánimo de falsearlo ni descontextualizarlo, no es más que nuestra modesta aportación, al tiempo, que novedosa aportación al conjunto de los estudios heraclíteos. El tema central, como se ha dicho, es la reinterpretación del pensamiento natural, del oscuro presocrático, a la luz del pensamiento complejo – con las restricciones oportunas -, de suerte que sea posible una lectura “eco-enantio-lógica”, de los distintos planos de lo real, desde el universo hasta el ser humano. En última instancia, se trata de “despertar” al hombre en “lo común”, al modo Heráclito, de ser “más” y vivir “mejor”, a través del conocimiento, a fin de conocernos, “conociendo” la naturaleza.

Los griegos. Heráclito. X

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El mundo de la multiplicidad, es un mundo-en-conciencia, un gran “capo de batalla”, si se nos permite la expresión, donde toda existencia nace “de” la discordia y vive “en” la tensión. No obstante, no debemos entender en este contexto la “guerra”, como un fenómeno, exclusivamente destructivo, sino también productivo, ya que procura encuentros e interacciones, entre todos los elementos de lo real, dando lugar al “cosmos”.

Los griegos. Heráclito. IX

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

El estudio de la “naturaleza”, nos ha obligado a enfrentarnos, con un concepto extraordinariamente extenso y no menos intenso, en el que no sólo tiene cabida el mundo, sino también el hombre y lo divino, en relaciones fecundas de ida y vuelta. Para acometer esta empresa, nos hemos servido, como recurso hermeneútico, de las ideas de “oposición y relación”, que permiten trabar y explicar, todos los aspectos de la naturaleza, dentro de una perspectiva que llamamos “eco-enantio-lógica”, en sentido etimológico, por la importancia que tienen, tanto una como otra, dentro del pensamiento de Heráclito.

Los griegos. Heráclito. VIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Nuestro propósito estos días, en suma, es explorar esta nueva vía de interpretación de Gadamer, de los estudios heraclíteos que – en lo posible – no pierda de vista, los problemas que suscita para el pensamiento contemporáneo, así como para la ciencia, la comprensión de la naturaleza. No se trata de un camino unilateral, sino repleto de encrucijadas. Del mismo modo, tampoco se trata de descartar o sustituir otras interpretaciones, ni de prescindir de ellas, sino – acaso – de completarlas. Tendremos presente en todo momento, la enorme distancia – temporal e intelectual – que separa a Heráclito, de nuestro horizonte epistemológico. Simplemente entendemos que su pensamiento, no carece de actualidad, ni se reduce a la tópica constatación, del incesante devenir de la naturaleza.

Mecánica cuántica. Schrödinger y Heisenberg. VI

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando Werner Heisenberg se sentó por segunda vez, en la abarrota sala de conferencias, escucho en silencio hasta el final, la charla de Erwin Schrödinger titulada “Nuevos resultados de la mecánica ondulatoria”. Durante la sesión de preguntas y respuestas que siguió a la charla, Heisenberg se puso cada vez más nervioso, hasta que llegó un momento, en el que ya no le fue posible, mantenerse en silencio. Todas las miradas, cuando se levantó a hablar, se posaron sobre él. La teoría de Schrödinger, dijo entonces, no explica las leyes de la radiación de Max Planck, el experimento de Franz-Hertz, el efecto Compton, ni el efecto fotoeléctrico. Nada podía ser explicado sin discontinuidad y saltos cuánticos, precisamente los conceptos que Schrödinger, deseaba eliminar.

Bohr. Unidad del conocimiento. XI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Pasemos ahora a tratar la segunda posición de Niels Bohr, la b), la creencia de que podemos discernir y extrapolar, la tendencia o dirección de un movimiento evolucionario: se puede advertir, en primer lugar, que esta creencia ha influido, sobre algunas de las hipótesis cíclicas, que representan a la posición a) y ha sido usada para apoyarla. El profesor Toynbee, por ejemplo, expresa en apoyo de la posición a), las siguientes opiniones características de la b): “Las civilizaciones no son condiciones estáticas de la sociedad, sino movimientos dinámicos de carácter evolucionista. No sólo no pueden estarse quietas, sino que no pueden dar marcha atrás., sin romper la ley de su propio movimiento …”. Aquí tenemos casi todos los elementos, que normalmente se encuentran en una exposición de la posición b): la idea de una de una “dinámica social” (como opuesta a una estática social) de “movimientos” evolucionarios de la sociedad y de “direcciones” de estos movimientos, los cuales no pueden dar “marcha atrás” sin romper las “leyes del movimiento”. Los términos en bastardilla han sido tomados todos de la física por la sociología y, su adopción ha llevado a una serie de errores y malas interpretaciones de asombrosa crudeza. Hay que admitir que estas malas inteligencias han hecho poco daño fuera del taller historicista. En economía, por ejemplo, el uso del término “dinámica” es inatacable, como tienen que admitir, incluso aquello a quienes no gusta. Pero incluso este uso, se deriva del intento de Comte, de aplicar a la sociología, la distinción que el físico hace entre dinámica y estática y, no se puede dudar que, en base a este intento, no hay más que un crudo error y mala inteligencia. “Porque la clase de sociedad que el sociólogo llama ‘estática’, es precisamente análoga a aquellos sistemas a los que el físico llamaría ‘dinámicos”.

Jürgen Habermas

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Daniel Innerarity nos contaba el otro día algunas cosas sobre Habermas. La mayoría de las mismas ya las conocía, pero confieso que me encantó recordarlas.

Capitán Richard F. Burton. Mi rey y mi Dios. VII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Con todo, no todo el mundo respaldó plenamente y de todo corazón a John Hanning Speke, si siquiera cuestionar sus aspiraciones. En una sociedad despiadada – la Inglaterra victoriana de clase más alta – en la que hombres y mujeres por igual, estaba prestos a creer que el prójimo no era sólo capaz de lo peor, sino que también estaba inclinado a lo peor y, en una sociedad en la que los cotilleos prevalecían a menudo sobre la verdad de los hechos, también Speke tuvo sus detractores. Richard F. Burton contaba con no pocos amigos, algunos muy poderosos y distinguidos, de modo que no le faltó respaldo; cuando no tuvo la ocasión de defenderse en público o de criticar a Speke ante los demás, otros amigos hablaron por él.

Bohr. Unidad del conocimiento. X

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

La segunda etapa de la producción literaria de Niels Bohr (redactamos la primera en el anterior escrito) por la que estoy muy interesado, es la época de la dualidad onda-corpúsculo, del famoso experimento de la doble rendija, del principio de indeterminación y, de la complementariedad. Es la etapa “heroica” de la mecánica cuántica, sin precedentes en la historia de la ciencia y, la primavera del Instituto de Copenhague: allí trabaron durante estos años y, en distintos momentos Born, Dirac, Heisenberg, Kramers, Pauli, Schrödinger, etc.

Monty. 1066 En Falaise. III

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El Mariscal Sir Bernard Law Montgomery, Vizconde del Alamein, disputó con personas con las que debía haber condescendido. Pública y descortésmente, despidió a gente que debieran haber sido consideradas como sagradas, dentro de la hermandad del ejército. Se jactó de sus condiciones de jefe. Todo eso, teniendo en cuenta la manera de ser y pensar tradicionales, era imperdonable. En el mismo país existía una innata desconfianza por parte de cierta gente, una intensa antipatía por quien, habiendo triunfado, no se tomaba la molestia de ocultar, que estaba encantado de ello. Algunos que conocieron a Montgomery (alias “Monty”) en sus primeros tiempos, recordaban que tenía la costumbre de decir: “Para triunfar en el Ejército se necesita ser algo grosero. Y yo lo soy un poco”.

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

J. Jolivet resume su postura ante el “atomismo”, del siguiente modo: “De estos elementos, los dos más pesados – la tierra y el agua – se colocaron en el centro y, los dos más ligeros – el aire y el fuego – encima. Tengamos presente, que es por su movimiento, que el aire y el fuego son ligeros y, es este mismo movimiento, el que ejerce presión, sobre el agua y sobre la tierra y, les confiere consistencia, al mismo tiempo que encuentra en ellos, su centro y su punto de apoyo”.

Bohr. Unidad del conocimiento. IX

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

1 La teoría atómica y la descripción de la Naturaleza.

De lo escrito en el artículo anterior, nació una de las polémicas intelectuales más bellas, que ha haya mantenido la humanidad y, que tuvo como contendientes principales, a Einstein de un lado y a Niels Bohr del otro. Su desacuerdo afectaba a asuntos de tanta transcendencia como la causalidad, el significado de la idea de la realidad física, la localidad y el carácter completo o incompleto de las descripciones cuánticas. El debate Einstein-Bohr sigue siendo hoy en día, más de sesenta años después de su inicio y, a pesar de la desaparición de sus principales protagonistas, un debate fructífero y de suma importancia, para todos aquellos que estén interesados en los fundamentos y en la filosofía de la física o mecánica cuántica.

Monty. 1066. En Falaise. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Pero lo cierto es que, se creyera o no en Montgomery, se le amara o se le odiase, se le tratara con respeto o con indiferencia, casi todo el mundo coincidía en una cosa: no había dos como él. Ni siquiera se parecía al retrato consagrado, de un general británico. La mayor parte de sus predecesores, desde Wellington, habían sido hombres corpulentos y arrogantes; Montgomery era pequeño y fibroso. No tenía el rostro de color encendido, ni la voz profunda, ni la cordialidad que ordinariamente va de la mano, con aquellos que han triunfado en el campo de batalla.

Talleyrand. De camino a Brumario. XI

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Tanto Talleyrand como Sièyes, estaban convencidos de que ellos habían sido los auténticos artífices, de lo ocurrido en Brumario y, que el primer cónsul se lo tendría en cuenta. No tardaron en descubrir que se habían equivocado. Incluso Mme de Staël dio su bendición al golpe: la supuesta ideología del Consulado, coincidía casi al pie de la letra con la suya. O, al menos, eso creía ella. Es más, lo había preconizado en un opúsculo, que no llegó a ver publicado nunca.

Bohr. Unidad del conocimiento. VIII

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

El carisma de Niels Bohr, su capacidad para inspirar afecto y confianza y, la paradójica habilidad de persuasión, que manifestaba en las discusiones, dotaba al Instituto de un “estilo” especial, de un carácter que dejaba su impronta y, que se conoció como “Der Kopenhagener Geist”. Por allí pasaron, entre otros muchos Max Born, C. G. Darwin, P. A. M Dirac, P. Ehrenfest, J. Franck, G. Gamov, S. A. Goudsmit, W. Heisenberg, H. Heitler, E. P. Jordan, O. Klein, H. A. Kramers, L. D, Landau, A. Landé, Y. Nishina, W. Pauli, L. Rosenfeld, E. Schrödinger, J. C. Slater, G. E. Uhlembeck… etc. Una pléyade de científicos notables de muchos países diferentes, entre los que se encontraban todos los fundadores de la teoría o mecánica cuántica, amén de un buen número de premios Nobel.

El átomo. Los atomistas cristianos medievales. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En este capítulo citaremos pocos nombres. Mas, de todos modos, dividiremos a quienes mostraron interés, por la teoría atómica durante este largo periodo, entre categorías: los cronistas, los simpatizantes y los partidarios.


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