Porqué además de escéptico, soy agnóstico
Una de mis filósofas favoritas es, como muchos sabéis, Hannah Arendt. Y siempre me ha sorprendido mucho, que su tesis doctoral, fuera sobre San Agustín, “El concepto del amor en san Agustín”. Así que hace unos días, me puse a leer, un poco a voleo, trozos de san Agustín de Hipona. Y ahora comprendo aún menos, la afición por él, de Arendt. Todo lo que hacemos por voluntad propia – escribió san Agustín – es contrario a Dios y malo. Todo el bien que hacemos es obra de la gracia que, como el mismo término indica, es inmerecida, es un don ofrecido libremente, que tiene la particularidad, de que rechazarlo no está en nuestro poder. Me parece una imagen del mundo espeluznante: a no ser por la gracia de Dios, todos moraríamos (merecidamente) en el Infierno. Pero Dios, siguiendo su propio criterio, hace (inmerecidamente) partícipes de la felicidad eterna a algunos. Su elección, la de Dios, no depende para nada de los elegidos, es una decisión divina libre, cuyos motivos no podemos ni entrever.
- Publicado en Opinión