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⮕ APÓYANOS

Emilio Alonso Sarmiento

Talleyrand. De camino a Brumario. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Tal como le había pedido Barras, la alabanza de Talleyrand a Napoleón, fue una mezcla de tacto y de exageración. De modo que concluyó su “actuación” con un tremendo ataque contra Inglaterra. No hemos de olvidar que la razón principal por la que el Ejecutivo había sacado al general homenajeado, de una Italia que creía dominada, era su intención de hacer de él un arma de éxito seguro contra “la pérfida Albión”, su principal enemiga en aquel momento en el continente. “Ahora un nuevo enemigo llama a Bonaparte, un enemigo famoso por su profundo odio a Francia y su insolente tiranía hacia todos los pueblos de la tierra…”. La fingida rabia de Charles-Maurice en su arenga final antibritánica, fue un brindis al Directorio, que, para ocultar el lamentable estado de la nación, estaba empeñado en galvanizarla de cara a una próxima ofensiva contra la Islas, una campaña que nunca llegó a tener lugar, ni siquiera cuando Napoleón se convirtió en primer cónsul y luego emperador dueño absoluto de los destinos de Francia.

Applebaum. Dudas sobre la democracia. II

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Alexander Hamilton fue una de las muchas figuras de la Norteamérica colonial, que se leyeron una y otra vez, la historia de Grecia y Roma, tratando de aprender a evitar que una nueva democracia, se convirtiera en una tiranía. En su vejez, John Adams se dedicó a releer a Cicerón, el estadista romano que intentó detener el deterioro de la República romana e, incluso, citó frases suyas, en varias cartas que escribió a Thomas Jefferson. Querían fundamentar la democracia estadounidense en el debate racional, la razón y la voluntad de negociación. Pero no se hacían ilusiones con respecto a la naturaleza humana: sabían que a veces los hombres, podían sucumbir a las “pasiones”, sabían que cualquier sistema político, basado en la lógica y la racionalidad, siempre corría el riesgo de sufrir un brote de irracionalidad.

Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXIX

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

John H. Speke recogió sus papeles en cuanto pudo y partió a Inglaterra. “Marchó de Adén tan apresuradamente, que ni siquiera se despidió de mi” escribió Burton. “Con eso y con todo, a todos los efectos seguíamos siendo amigos”.

Bohr. Unidad del conocimiento. III

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

Lo que le llamaba especialmente la atención a Niels Bohr, de la novela “Las aventuras de un estudiante danés”, era una conversación entre los dos primos, uno de los cuales era muy práctico, mientras que el otro – en quien Bohr se reconocía – era más bien dado a las meditaciones. Al tratar de aclarar las dificultades que le confunden, el último dice:

El átomo. Atomismo hindú. III

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Continuando con lo que escribíamos ayer sobre el “atomismo hindú”. En realidad, los “elementos no constituyen más que cuatro de las nueve “sustancias”, que reconocen los adeptos del Nyaya-Vaisesika. Las otras “sustancias” son: el éter, el espacio y el tiempo, omnipresentes y eternos; las almas, entre las que conviene distinguir dos tipos: Dios, un alma omnisciente, libre de dolor y de placer y, las almas individuales, distribuidas entre los cuerpos y que son eternas; el “manas”, un órgano de pensamiento que es atómico y, que existe en número ilimitado, ya que hay un “manas” asociado a cada alma. Su función es actuar como lazo de unión, entre esta alma y los objetos exteriores.

Applebaum. Dudas sobre la democracia

(Tiempo de lectura: 2 - 4 minutos)

Cuando hace ya unos años, comenzó todo este movimiento de dudas sobre la democracia y, la floración de partidos autoritarios, muchos historiadores – incluso los que lo somos con “h” minúscula – experimentamos una especie de “déjà vu”, sino vivido, sí leído. Por ejemplo, Anne Applebaum, nos recuerda el diario personal, del escritor rumano Mihail Sebastián, que abarca los años de 1935 a 1944. En él relata la crónica de un cambio aun más extremo, producido en su propio país. Como Applebaum, Sebastián era judío, aunque no religioso y, también como ella, se situaba en la derecha política. En el diario describía cómo, uno a uno, sus amigos se habían sentido atraídos por la ideología fascista, del mismo modo que un grupo de polillas, se precipitan irremediablemente hacia una llama. Describía la arrogancia y la confianza en sí mismos, que habían adquirido todos cuando dejaron de identificarse como europeos – admiradores de Proust, aficionados a viajar a París – para, en cambio, pasar a autocalificarse como rumanos “de sangre y tierra”. En una novela autobiográfica que escribió al mismo tiempo, Sebastian nos cuenta como el narrador, le ofrece su amistad a un viejo conocido, de quien le había distanciado la política. “No, te equivocas – le responde este – nosotros dos no podemos ser amigos. No ahora ni nunca ¿No percibes el olor de la tierra que emana de mí?

Talleyrand. De camino a Brumario. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“Bonaparte no era ni bueno ni violento, ni dulce ni cruel a la manera de las personas que conocemos. Aquel ser, imposible de comparar con nadie, no podía sentir ni despertar simpatía alguna”

(Madame de Staël)

Talleyrand. Tal para cual. VII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Francia estaba peor que nunca y la corrupción de la administración resultaba cada día más notoria. Para muchos el principal culpable era Talleyrand mismo, cuyo tren de vida empezaba a llamar demasiado la atención de tirios y troyanos. A punto estuvo, de hecho, de verse expuesto por quienes creía que eran sus mejores amigos, los americanos. Cuando en 1797 John Adams fue elegido presidente, el hombre tenía mucho interés en firmar un tratado con Francia porque, desde que dos años atrás EE.UU. había suscrito otro con Inglaterra, buques corsarios franceses, con el apoyo del Gobierno de la República, se habían creído con derecho a atacar y desvalijar los mercantes americanos, apoderándose de su carga y maltratando a la tripulación.

Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

John Speke a su regreso de descubrir el lago Victoria dice de Burton: “le expresé mi gran pesar por el hecho de que no me hubiera acompañado, ya que en mi fuero interno estaba convencido de haber descubiertos las fuentes de Nilo. A esta afirmación mía opuso naturalmente diversas objeciones, incluso tras oír todas las afirmaciones que me llevaban a afirmar tal cosa y, por tanto, dejamos de hablar del asunto.”

El átomo. Atomismo hindú. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Como es bastante conocido, le evolución del brahmanismo dio lugar a seis grandes corrientes filosóficas principales que, a menudo, se agrupan en pares, en función de sus afinidades doctrinales: la Mimasa y el Vedanta, el Nyaya y el Vaisesika, el Samkhya y el Yoga. Entre estas doctrinas, el par Nyaya-Vaisesika, fue el defensor más ferviente del atomismo. Las ideas esenciales de esta corriente, e expresan en el “Vaisesika-sutra” de Kanada, redactado el siglo I aC (lo que convierte a Kanada para algunos, en el Demócrito de la India) y, en el “Nyaya-sutra” de Gautama, algo posterior. Encontramos partidarios de esta doctrina, hasta el siglo XVII. Si la Mimansa y el Samkhya, se mostrarán receptivos a la doctrina atómica, Vedanta, en cambio, se opondrá totalmente a ella.

Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVIII

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Los dos volúmenes de que consta el diario de Richard F. Burton sobre Zanzíbar, que había terminado en 1857, antes de partir hacia el interior del continente, se habían “perdido”. Él los había dejado debidamente envueltos en un paquete destinado a la Royal Geographical Society londinense. El oficinista del consulado de Zanzíbar, a quien Burton, evidentemente molesto, describe como “un boticario euroasiático, los había expedido a la sede en Bombay de la Real Asiatic Society, donde languidecieron durante años, sin que nadie reparara en su existencia. Pero estos diarios no fueron el único material que salió malparado de Zanzíbar. Sus Cartas oficiales sobre sus anteriores expediciones por distintos puntos de la costa, se perdieron durante un tiempo; las observaciones meteorológicas que tomó sobre la costa de África, así como en el curso del descubrimiento de los lagos, “permanecieron muchos años ocultas, en ciertos cajones polvorientos de Whitehall Street”, no pudo ser por lo tanto publicado hasta 1872. Para entonces, Burton había prestado sus servicios como cónsul general en África Occidental, en Brasil y en Damasco, aparte de haber corrido muchas otras aventuras, Speke había realizado su segunda, gloriosa y, a la vez controvertida Expedición al África Central y, había muerto trágicamente a su regreso a Inglaterra. A lo largo de esos años, Burton tuvo tiempo de sobra, para colocar los acontecimientos en una perspectiva más sensata, aunque también más cáustica.

Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. Prólogo

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Pese a todo, cuando Bárbara tuvo que enfrentarse a todos esos cuerpos del Ejército, numerados con cifras romanas, y a los flancos derecho e izquierdo, no tardó en sentirse una ignorante. Esa sensación la notó con especial intensidad, cuando tuvo que explicar, cómo habían conseguido los franceses, que estaban a la defensiva, recuperar el territorio de Alsacia, justo al principio de la guerra. De hecho, esto no acabó de entenderlo nunca, pero decidió pasar de puntillas sobre el tema, y tratar otra cuestión, una artimaña que se aprende, en el proceso de escribir historia (camuflar un poco los hechos, cuando uno no lo entiende todo). Véanse, si no, las altisonantes y equilibradas frases, que a veces escribió Edward Gibbon, las cuales, si se analizan con detenimiento, a menudo carecen de sentido, pero uno acaba ignorando ese hecho, ante la maravillosa estructuración de las mismas. Tuchman no es Gibbon, pero aprendió a valorar el esfuerzo, de adentrarse en materias, que no le resultaba familiares, en lugar de regresar a un terreno, del que ya se conocen las fuentes primarias, y todos los personajes y circunstancias. Ciertamente, optar por esto último, hace que el trabajo sea mucho más fácil, pero impide la emoción del descubrimiento y la sorpresa, que es motivo, por el que nos gusta adentrarnos (a los historiadores) en un tema que no conocemos, con vistas a escribir un libro sobre el mismo. Puede que esto no resulte del agrado de los críticos, pero a Tuchman le satisfacía.

Bohr. Unidad de conocimiento. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La opinión de muchos especialistas, es que Niels Bohr fue, ante todo una gran gnoseólogo (gnoseología se refiere al "tratado del conocimiento" o "teoría del conocimiento" que aborda los problemas del conocimiento y las relaciones entre sujeto y objeto en un sentido universal y abstracto.).

Capitán Richard F. Burton. El Gran Safari. XXVI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Mientras John H. Speke avistaba lo que podía ser el lago N’yanza o Victoria, Richard F. Burton se había enterado, mediante sus amigos árabes de Kazeh, de que en el lago residía un tal Mansur bin Salim, un empobrecido granuja, cuya subsistencia dependía de la buena voluntad del sultán, un hombre cruel e indigno de confianza, llamado Mahaya. Speke encontró al árabe de inmediato. Mansur le acompañó en algunos paseos por la orilla del lago, pero seguía sin disponer información exacta, acerca del lago y del presunto río que de él brotaba, para convertirse más allá en el Nilo. ¿Dónde se hablaba aquel río de tan gran importancia? ¿Qué tamaño tenía el lago? Speke preguntó a Mansur, pero éste no disponía de ninguna información relevante, al tiempo que un hombre que presentó a Speke, “como el más grande viajero de esta región”, resultó saber muy poco más.

Bohr. Unidad del conocimiento . I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Antes de que intentemos responder a la cuestión, de “hasta qué punto cabe hablar de unidad del conocimiento”, hemos de preguntarnos, por el significado mismo de la palabra “conocimiento”. Todo científico se enfrenta constantemente, con el problema de una descripción objetiva de la experiencia, que, para nosotros (Bohr “dixit”), no es otra cosa que una comunicación sin ambigüedad. Nuestra herramienta básica es, evidentemente, el lenguaje ordinario, que sirve las necesidades de la vida práctica y, de las relaciones sociales. No nos interesa aquí el origen de tal lenguaje, sino su alcance en cuanto a la comunicación científica y, en especial, el problema de hasta que punto, la descripción puede conservar objetividad, cuando la experiencia sobrepasa, los acontecimientos de la vida ordinaria.

El átomo. Atomismo hindú. I

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“Si la experiencia cotidiana no nos hubise expuesto, a los diferentes fenómenos, en los que aparece polvo, es posible que el atomismo no hubiese sido aceptado tan fácilmente, como lo ha sido por los filósofos y, que no hubiera conocido un destino tan duradero”

GASTÓN BACHELARD

Capitán Richard. F. Burton. El Gran Safari. XXV

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Mientras Richard F. Burton está enfrascado en el estudio del kisawahili. John H. Speke avanzaba hacia el norte. No cabe duda de que era un hombre valeroso, o quizá un terco. Se hallaba a solas, en un territorio completamente desconocido, rodeado por personas que igualmente podían darle de comer o asesinarle impunemente, sin saber qué se decía o qué se cocía a su alrededor, salvo lo que le transmitía en su indostaní chapurreado Sidi Bombay Mubarak, el único hombre con el que podía mantener una elemental conversación. Su escolta se mostró rebelde, tendente a amotinarse. Peor aún, seguía estando casi ciego y, los residuos del escarabajo alojados en el oído, le habían sumido en una sordera casi total.

Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. IV

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Bárbara Tuchman se sintió profundamente molesta, cuando los reseñadores, en especial los pertenecientes al ámbito académico, afirmaron con desdén, que “Los cañones de agosto” era ‘historia popular’, queriendo decir con ello que, al venderse numerosos ejemplares de la obra, ésta no satisfacía los niveles de exigencia, en cuanto a calidad. Tuchman ignoró, por regla general, la política, seguida por muchos escritores, de no responder nunca, a las reseñas negativas, porque hacerlo, solamente provoca al reseñador, y le incita a cargar de nuevo las tintas. A la postre, Tuchman consiguió ganarse, el favor de la mayoría de los académicos. Con el paso de los años, pronunció conferencias en muchas de las universidades más importantes del país, y recibió el reconocimiento de muchas de ellas. Ganó dos premios Pulitzer, y se convirtió en la primera mujer, en acceder al cargo de presidenta, de la Academia e Instituto de las Artes y las Letras Estadounidenses, en sus ochenta años de existencia.

Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. III

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

“En el terreno de la historia, al principio es suficiente con saber que ocurrió – dijo Bárbara Tuchman – sin tratar de responder demasiado pronto, al “porqué” de las cosas. Creo que es más apropiado dejar el “porqué” al margen, hasta el momento en que se hayan, no solamente reunidos los hechos, sino en que se hayan dispuestos en una secuencia lógica; para ser precisos, en frases, párrafos y capítulos.

Bárbara Tuchman. Los cañones de agosto. II

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Cuando llegó el momento de graduarse en Radcliffe, Bárbara Tuchman no asistió a la ceremonia, y, en lugar de ello, prefirió acompañar a su abuelo, a la Conferencia Monetaria y Económica Mundial, celebrada en Londres, donde Morgenthau (su abuelo) encabezaba la delegación estadounidense. Posteriormente pasó un año en Tokio, como ayudante de investigación, del Instituto de Relaciones del Pacífico, y luego empezó a escribir sus primeros textos para The Nation, que su padre había salvado de la bancarrota. A los 24 años de edad, cubrió la Guerra Civil española, desde Madrid.

Bohr. Biología y mecánica cuántica. VI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

Dicho todo lo dicho, sin embargo, el reconocimiento de que la delicadeza de la organización y, de los mecanismos reguladores de los seres vivos, sobrepasa todo cuanto pudiera esperarse, no basta en modo alguno, para explicar características peculiares de la vida. En verdad, los llamados aspectos espirituales y transcendentes, de los fenómenos biológicos, no pueden explicarse de modo inmediato por la característica de individualidad de los procesos atómicos, revelada por el descubrimiento del cuanto de acción. Más bien el carácter esencialmente estadístico de la mecánica cuántica, parecería aumentar, al menos a primera vista, la dificultad de comprender las leyes propiamente biológicas. En este dilema, sin embargo, la teoría atómica nos sugiere, que el único modo de reconciliar las leyes de la física, con aquellos conceptos adecuados para una descripción de los fenómenos de la vida, es examinar la diferencia esencial que se manifiesta, entre las condiciones de observación en física y en biología.

Bohr. Biología y Mecánica cuántica. V

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En particular, toda experiencia que tenga por objeto, fijar las coordenadas de espacio y tiempo, de un electrón en un átomo, entrañará inevitablemente un cambio, incontrolable en principio, de cantidad de movimiento y energía, entre el átomo y los instrumentos de medida, que destruirá por completo, las notables leyes de estabilidad atómica, debidas al cuanto de acción. Inversamente, toda investigación de leyes semejantes, cuyo enunciado mismo implique la conservación de la energía y de la cantidad de movimiento, nos impondrá en principio, una renuncia a localizar en el espacio y en el tiempo, los electrones individuales del átomo. Lejos de ser contradictorios, los diferentes aspectos de los fenómenos cuánticos, revelados en condiciones experimentales, que se excluyan mutuamente, han de considerarse como complementarios, dando a esta palabra un nuevo sentido. Este punto de vista de la complementariedad no significa en modo alguno, una renuncia arbitraria a un análisis detallado de los fenómenos atómicos, sino que, por el contrario, es la expresión de una síntesis racional, de toda la experiencia acumulada en este campo, experiencia que sobrepasa los límites, entre los cuales el ideal de causalidad, encuentra sus posibilidades naturales de aplicación.

Talleyrand. Tal para cual. VI

(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

En Inglaterra las cosas eran muy distintas a las de Francia, porque el Parlamento constituía un dique, capaz de contener la tendencia despótica secular de los soberanos. En Francia, en cambio, el único soberano era el pueblo. Un Ejecutivo sujeto a una Constitución, sería el órgano más adecuado, para representar la voluntad popular. Desde la Revolución, los sucesivos “parlamentos” (la Asamblea Nacional, la Constituyente, la Legislativa, la Convención) habían estado cambiando las leyes de un día para otro sin ningún tipo de coherencia. Al decir de Bonaparte, Francia resultaba ser en aquel momento “una nación sin leyes con trescientos borradores”. ¿Cómo era posible que en el país más grande y poblado de Europa (30 millones de habitantes) y, también el más ilustrado, tuvieran que intervenir las bayonetas día sí, día también? Solo un Ejecutivo fuerte podría acabar con tanto desbarajuste y colocar a Francia en el buen camino.

El átomo y los antiatomistas. XIX

(Tiempo de lectura: 1 - 2 minutos)

“Es imposible que un cuerpo en su totalidad penetre completamente a otro; pero el alma lo penetra todo, pues ella es incorpórea… Si alguien sostiene que los átomos, u otras entidades indivisibles, crean el alma con su concierto, la implicación de que diferentes partes del alma, tendrán que unirse y alcanzar la armonía, refutará esa tesis, pues no hay penetración ni armonía, entre objetos impasibles, e incapaces de unirse en un solo cuerpo; pero el alma está solamente en armonía consigo misma… Todo aquello que para existir, implica una composición, se descompone naturalmente en los elementos de que está compuesto; pero la naturaleza del alma es la de ser, una y simple, la de existir toda entera en el hecho de vivir; por ello nunca perecerá. ¿Acaso puede perecer, como sostiene algunos, por división y fragmentación? Ya hemos mostrado que no es ni una masa ni una cantidad. ¿Será por alteración que podré ser destruida? La alteración, cuando es causa de destrucción, suprime la forma, pero deja la materia; y esto solamente les ocurre a los seres compuestos. Si no puede, pues, ser destruida de ninguna de estas maneras, es que es necesariamente indestructible… Si alguien sostiene que toda alma es corruptible, todo habría ya perecido hace tiempo”.


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