Talleyrand. De camino a Brumario. II
Tal como le había pedido Barras, la alabanza de Talleyrand a Napoleón, fue una mezcla de tacto y de exageración. De modo que concluyó su “actuación” con un tremendo ataque contra Inglaterra. No hemos de olvidar que la razón principal por la que el Ejecutivo había sacado al general homenajeado, de una Italia que creía dominada, era su intención de hacer de él un arma de éxito seguro contra “la pérfida Albión”, su principal enemiga en aquel momento en el continente. “Ahora un nuevo enemigo llama a Bonaparte, un enemigo famoso por su profundo odio a Francia y su insolente tiranía hacia todos los pueblos de la tierra…”. La fingida rabia de Charles-Maurice en su arenga final antibritánica, fue un brindis al Directorio, que, para ocultar el lamentable estado de la nación, estaba empeñado en galvanizarla de cara a una próxima ofensiva contra la Islas, una campaña que nunca llegó a tener lugar, ni siquiera cuando Napoleón se convirtió en primer cónsul y luego emperador dueño absoluto de los destinos de Francia.
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