Talleyrand. De camino a Brumario. X
Enardecido por la recepción del Consejo de Ancianos, el general, Napoleón, confiaba en dominar también, la fiebre republicana que agitaba a los Quinientos. Mas apenas hubo entrado en la sala, cuando la mayor agitación de se apoderó de los presentes. Todos los miembros, en pie, prorrumpieron en gritos por la profunda impresión que les causaba la aparición de las bayonetas y del general que entraba militarmente en el templo de la legislatura: “¡Violáis el santuario de las libertades, retiraos!” le gritaban muchos diputados. En vano Bonaparte, llegado a la tribuna, quiso balbucear alguna frase. De todas partes oía repetir los gritos de “¡Viva la Constitución!... ¡Viva la República!”. Desde todos los lados se le apostrofaba: “¡Abajo Cromwell! ¡Abajo el dictador! ¡Abajo el tirano! ¡Fuera de la ley el dictador!” le gritaban los diputados furiosos y alguno se lanzaban sobre él y lo rechazaban. “¿Tu vas a hacer la guerra a tu patria?”, le increpó Arena mostrándole la punta de su puñal. Los granaderos, viendo vacilar y palidecer a su general, atravesaron la sala para darle protección. Bonaparte, amparándose en su defensa, se marchó. Volvió a montar a caballo y se dirigió al galope al, puente de Saint Cloud gritando a sus soldados: “¡Me han querido matar!
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