Los romanos llegan a la península Ibérica
El interés de los romanos por la península Ibérica se derivó de su enfrentamiento con los cartagineses por el dominio del Mediterráneo Occidental, en lo que se conocen como las Guerras Púnicas, iniciadas en el siglo III antes de nuestra era. La victoria romana conquistando Sicilia, Córcega y Cerdeña, y que supuso un duro golpe para la economía de los cartagineses, les obligó a reorientar su estrategia hacia la península Ibérica, que ya contaba con asentamientos propios, y donde no había todavía presencia romana. En el 237 antes de nuestra era, Amílcar Barca desembarcó en Gades y en poco tiempo consiguió dominar gran parte de Andalucía. Su yerno, Asdrúbal fundó Carthago Nova, la actual Cartagena. La expansión cartaginesa se limitó por el Tratado del Ebro firmado con los romanos en el 226 a.C. Por su parte, Aníbal Barca, hijo de Amílcar, decidió conquistar Sagunto y eso irritó a los romanos porque era una ciudad que disfrutaba de su protección. La guerra estaba servida, ante el temor de Roma de que los cartagineses quisieran expandirse más hacia el norte.
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